La diputada Jennifer Rubio, del partido Morena, presentó una iniciativa en el Congreso del Estado de Quintana Roo con el objetivo de fortalecer la atención integral a personas que viven con VIH, incorporando de manera obligatoria servicios de salud mental dentro del sistema estatal de salud.
La legisladora explicó que el VIH continúa siendo un problema de salud pública a nivel mundial, no solo por su fácil transmisión, sino porque hasta la fecha no existe una cura definitiva.
“Cuando hablamos de VIH no podemos limitarnos únicamente a la atención médica física. Estamos hablando de una enfermedad que impacta profundamente la vida emocional, psicológica y social de las personas. Si no atendemos esa dimensión, la atención queda incompleta”, dijo.
Quintana Roo, con cifras que obligan a actuar
La diputada recordó que Quintana Roo registró en 2024 la tasa más alta de nuevos casos de VIH en el país y desde entonces ha mantenido una constante en aumento de casos nuevos en la entidad, situación que debe tomarse en cuenta para fortalecer las políticas públicas.
“Las cifras no solo nos hablan de contagios, nos hablan de historias de vida. Cada diagnóstico implica un proceso emocional complejo: miedo, incertidumbre, estigma y, en muchos casos, aislamiento. Si el Estado no interviene con una visión integral, estamos dejando solas a las personas en uno de los momentos más difíciles de su vida”, comentó.
La diputada recordó que, de acuerdo con organismos internacionales como la OMS y el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA, millones de personas en América Latina viven con el virus y enfrentan no solo retos médicos, sino también sociales y psicológicos.
En ese sentido, la iniciativa parte de evidencia científica que demuestra que las personas con VIH presentan mayores tasas de depresión, ansiedad y otros trastornos mentales en comparación con la población general.
“La prevalencia de enfermedades mentales en personas con VIH es considerablemente más alta. La depresión, la ansiedad e incluso el riesgo de suicidio pueden incrementarse después del diagnóstico. Además, el propio virus puede afectar el sistema nervioso central y generar complicaciones neuropsiquiátricas.
“No solo enfrentan una enfermedad crónica, también enfrentan prejuicios. Muchas personas dejan de acudir a consultas por miedo a ser señaladas. Eso impacta tanto su salud física como su estabilidad emocional”, explicó.
Servicios integrales y obligatorios
Actualmente, las leyes estatales en materia de salud y VIH contemplan prevención, atención y tratamiento médico, pero no incluyen de forma expresa la atención a la salud mental. La iniciativa busca corregir esa omisión.
“No estamos pidiendo algo extraordinario, estamos pidiendo coherencia. Si la salud, según la OMS, es un estado completo de bienestar físico, mental y social, entonces la salud mental debe formar parte obligatoria de la atención a personas con VIH”, enfatizó.
La propuesta plantea que se implementen estrategias como el tamizaje sistemático para detectar depresión y ansiedad, asesoramiento psicológico, acompañamiento psicosocial y, cuando sea necesario, tratamiento especializado.
Rubio explicó que la Ciudad de México ya contempla herramientas de diagnóstico e intervenciones de salud mental para mejorar la adherencia al tratamiento antirretroviral, lo que demuestra que es viable integrar este enfoque en la legislación local.
Impulso a la investigación científica
Otro eje central de la iniciativa es obligar a promover investigaciones científicas sobre la relación entre el VIH y los trastornos mentales.
“En países en desarrollo, donde se concentra más del 90% de la carga del VIH, existe poca información sobre cómo interactúan la salud mental y esta enfermedad. Necesitamos datos locales que nos permitan diseñar políticas públicas más eficaces y basadas en evidencia”, señaló.
La diputada explicó que estas investigaciones podrían analizar factores como consumo de sustancias, violencia, antecedentes de abuso y su impacto en la adherencia al tratamiento.
“Sin investigación no hay políticas públicas sólidas. Si queremos reducir contagios, mejorar la calidad de vida y evitar complicaciones, debemos entender el problema en toda su dimensión”, comentó.


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