El frío viento del mar del Norte soplaba con fuerza cuando Londres y Oslo anunciaron un acuerdo que marcará un antes y un después en la defensa europea. El Reino Unido venderá a Noruega fragatas Tipo 26 por un valor de 11.550 millones de euros, en el mayor contrato de exportación naval de su historia.
Detrás de la cifra, hay un trasfondo estratégico: reforzar el flanco norte de la OTAN ante las crecientes tensiones con Rusia.
Fragatas Tipo 26: tecnología antisubmarina de vanguardia
Las fragatas Tipo 26, construidas por BAE Systems en Glasgow, son consideradas una joya de la ingeniería naval. Diseñadas para la guerra antisubmarina, tienen la capacidad de detectar y neutralizar submarinos enemigos en aguas profundas, algo crucial en una región donde los movimientos navales rusos se han intensificado.
Con este acuerdo, ocho fragatas británicas y al menos cinco noruegas operarán conjuntamente en el norte de Europa, actuando como una sola flota dentro de la OTAN.
Una victoria estratégica y económica para Reino Unido
El primer ministro británico, Keir Starmer, celebró el contrato como una doble victoria: fortalecer la defensa aliada y asegurar 4.000 empleos en más de 400 empresas del Reino Unido.
“Desde aprendices hasta ingenieros, esta operación asegura empleo e innovación hasta bien entrada la década de 2030”, subrayó en su cuenta oficial de X.
El acuerdo también representa un triunfo diplomático frente a competidores como Francia, Alemania y Estados Unidos, que también buscaban cerrar el contrato con Noruega.
Noruega apuesta por Londres como socio estratégico
El primer ministro noruego, Jonas Støre, destacó la confianza mutua entre ambos países:
«Somos aliados cercanos, con intereses comunes. Esta es la decisión correcta para nuestra seguridad y para la OTAN».
Para Oslo, elegir al Reino Unido no fue solo una cuestión técnica, sino también política: reforzar la cooperación bilateral y consolidar la defensa en una región clave, donde el Ártico y el mar de Barents se han convertido en escenarios de tensión con Rusia.
Una respuesta a las amenazas rusas
El Ministerio de Defensa británico fue claro: la alianza naval responde a la necesidad de garantizar la seguridad marítima ante el aumento de la actividad rusa en el norte de Europa.
El ministro John Healey lo expresó sin rodeos:
«Con Noruega entrenaremos, operaremos, disuadiremos y, si es necesario, lucharemos juntos. Nuestras armadas trabajarán como una sola dentro de la OTAN».
Implicaciones para la OTAN y el siglo XXI
Este contrato no es solo una venta de barcos; es la base de una nueva arquitectura de defensa europea. La capacidad de operar 13 fragatas antisubmarinas como una flota única refuerza el flanco norte de la OTAN en un momento de incertidumbre global.
Más allá de la seguridad, la alianza naval impulsa el empleo, la innovación tecnológica y la cooperación industrial entre Londres y Oslo, acercando aún más a dos países con larga tradición marítima.
Las entregas comenzarán en 2030, pero el mensaje ya es claro: Europa se blinda en el mar contra cualquier amenaza.


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