La muerte de una niña de tres años y su familia a manos de las fuerzas del régimen iraní ha desatado una ola de condena internacional. El hecho ocurrió el jueves por la noche en la ciudad de Jomein, donde agentes de seguridad dispararon contra dos vehículos, matando a cuatro personas, incluida la pequeña Raha Sheikhi.
La activista y Premio Nobel de la Paz 2023, Narges Mohammadi, denunció el hecho como “un crimen”. A través de su cuenta en X, Mohammadi calificó la acción como “desgarradora, aterradora y perturbadora”, señalando la brutalidad de abrir fuego contra una niña que iba en brazos de sus padres. Las víctimas fueron identificadas como Raha, su padre Mohammad Hosein, su madre Mahbubeh, y Farzaneh Heidari, una acompañante.
Un tiroteo que expone la violencia estructural en Irán
La información fue confirmada por la Fiscalía Revolucionaria de Jomein, que indicó que los responsables se encuentran bajo arresto y que ya se ha abierto una investigación formal. Sin embargo, las causas del tiroteo siguen sin esclarecerse, lo que ha generado aún más críticas sobre la falta de transparencia del régimen iraní.
El ataque ocurrió durante un control policial nocturno, práctica común en diversas regiones de Irán para vigilar el tránsito y presuntas “amenazas” al orden público. No obstante, organizaciones defensoras de derechos humanos han denunciado en múltiples ocasiones el uso desproporcionado de la fuerza por parte de estas unidades, que actúan bajo criterios arbitrarios y sin supervisión civil.
El caso ha reavivado la preocupación internacional sobre el uso de violencia estatal contra civiles en Irán, particularmente contra mujeres y niñas, en un país que enfrenta desde 2022 protestas generalizadas por la represión y la falta de libertades.
La voz de una Nobel que no se apaga
Narges Mohammadi, quien ha pasado más de una década encarcelada por su activismo pacífico, ha sido una de las voces más críticas contra el régimen islámico. Su denuncia sobre la masacre en Jomein es parte de una larga trayectoria de defensa de los derechos humanos, la justicia y la rendición de cuentas.
En su publicación, Mohammadi declaró: “La voz de la niña en brazos de sus padres no fue silenciada por la explosión de misiles o bombas, sino por el sonido de los disparos”. Y añadió: “El pecho de la niña fue destrozado por las armas de la llamada ‘patrulla de seguridad’ del régimen”.
Sus palabras reflejan no solo el horror de este caso, sino también la normalización de la represión en un sistema que, según múltiples informes de Naciones Unidas y ONG internacionales, no tolera la disidencia y recurre a la violencia sistemática como mecanismo de control.
Reacciones nacionales e internacionales
A nivel local, aunque algunos medios de comunicación han dado cobertura limitada al caso, la indignación se ha hecho sentir en redes sociales, donde ciudadanos iraníes expresan su repudio y exigen justicia. Sin embargo, en un país donde la censura es constante, muchas de estas voces corren el riesgo de ser silenciadas.
En el ámbito internacional, diversas organizaciones humanitarias han pedido una investigación independiente y el castigo a los responsables. Desde Amnistía Internacional hasta Human Rights Watch, el llamado común es que Irán rinda cuentas por el asesinato de una niña inocente y su familia.
Un crimen que podría marcar un punto de quiebre
Este caso no es un hecho aislado. Forma parte de una larga serie de abusos cometidos por las fuerzas del régimen iraní, que ha utilizado el terror de Estado para disuadir protestas y mantener el control. Sin embargo, la muerte de una niña de tres años podría convertirse en un símbolo de resistencia y de urgencia internacional.
Mientras la Fiscalía promete “investigar”, activistas temen que el caso termine impune como muchos otros. El mundo observa con atención lo que ocurre en Irán, donde una nueva generación de ciudadanos exige libertad, seguridad y justicia, y donde los rostros de las víctimas —como el de Raha— no serán olvidados fácilmente.
La pregunta que queda en el aire es si la muerte de esta pequeña logrará romper el silencio que durante décadas ha protegido a un régimen acusado de crímenes sistemáticos contra su propio pueblo.


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