El gobierno de Estados Unidos ha intensificado su presión diplomática sobre el régimen sirio tras nuevos informes de violencia extrema en el sur del país. El secretario de Estado, Marco Rubio, instó al presidente Bashar al-Ásad a utilizar sus fuerzas de seguridad para frenar el ingreso de combatientes yihadistas, especialmente aquellos vinculados al Estado Islámico (ISIS).
Las declaraciones de Rubio se enmarcan en un momento crítico para la región, donde grupos extremistas han aprovechado los vacíos de poder y la falta de control en las fronteras para establecer bases operativas y perpetrar actos atroces contra civiles.
La advertencia de Estados Unidos a Damasco
Durante una rueda de prensa el pasado sábado, Marco Rubio fue categórico:
“La violación y masacre de personas inocentes que ocurrió y sigue ocurriendo debe terminar. Si las autoridades en Damasco quieren preservar alguna posibilidad de lograr una Siria unificada, libre del ISIS y del control iraní, deben ayudar a poner fin a esta calamidad”.
El mensaje del secretario de Estado deja claro que Washington considera al régimen sirio responsable directo o por omisión de los episodios de violencia que persisten en el sur del país. Aunque no se anunció ninguna medida punitiva inmediata, la declaración marca un endurecimiento del tono hacia un gobierno con el que Estados Unidos mantiene relaciones tensas desde hace más de una década.
El sur de Siria: una región fuera de control
El sur de Siria, especialmente las provincias de Daraa y Quneitra, ha sido escenario de repetidos estallidos de violencia incluso después de que Damasco recuperara el control nominal en 2018. En estas zonas, células yihadistas han resurgido aprovechando el colapso institucional, las rivalidades tribales y la desconfianza hacia las fuerzas del régimen.
Grupos vinculados al ISIS y otras organizaciones extremistas han llevado a cabo ataques selectivos, emboscadas y ejecuciones públicas, lo que genera alarma tanto en Siria como en los países vecinos, especialmente Jordania e Israel.
ISIS, Irán y la lucha por el control territorial
Uno de los aspectos más destacados de las declaraciones de Rubio fue su referencia al control iraní. Para Washington, la lucha contra el ISIS no puede desvincularse del papel creciente que juega Irán y sus milicias aliadas en suelo sirio.
Mientras el régimen de Assad ha contado históricamente con el respaldo de Teherán y del grupo libanés Hezbolá, Estados Unidos ha advertido que la influencia iraní en Siria solo agrava la inestabilidad y complica la posibilidad de una salida política al conflicto.
El mensaje es claro: Estados Unidos quiere una Siria libre tanto del extremismo yihadista como del dominio iraní, y considera que Damasco debe actuar para impedir que ambos elementos sigan consolidando su presencia en territorio nacional.
¿Puede el régimen sirio controlar la situación?
Pese a los llamados de la comunidad internacional, muchos analistas dudan de la capacidad operativa real del régimen sirio para imponer control efectivo en todo el territorio. Aunque Assad ha reconquistado gran parte del país con apoyo ruso e iraní, su aparato militar sigue fragmentado, debilitado por años de guerra y con limitada capacidad de respuesta ante insurgencias localizadas.
En este contexto, el llamado de Estados Unidos también puede interpretarse como un mensaje dirigido a Rusia y a otros actores externos, instándolos a ejercer presión sobre Assad para que actúe.
La comunidad internacional ante un nuevo foco de tensión
La reactivación de la violencia en el sur de Siria y la advertencia de Washington podrían revivir el debate en organismos multilaterales como la ONU o la Liga Árabe, que han tratado en años recientes de reincorporar a Siria al diálogo regional.
Sin embargo, el carácter persistente de la amenaza yihadista y la ambigüedad del papel del régimen sirio complican cualquier intento de normalización diplomática mientras no haya un compromiso concreto con la seguridad interna.
La advertencia de Estados Unidos a Siria para frenar el ingreso de combatientes yihadistas refleja una creciente preocupación por el deterioro de la seguridad en el sur del país. Al vincular el avance del ISIS con la influencia iraní y la falta de acción del régimen de Assad, Washington busca reposicionar su rol en la región y dejar en claro que la estabilidad de Siria es clave para la seguridad regional.
Sin una respuesta clara de Damasco y sin acciones concretas sobre el terreno, la situación amenaza con volver a escalar, colocando nuevamente a Siria en el centro de las tensiones geopolíticas internacionales.


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