Reaparecen los desacuerdos por el acero, el aluminio y los subsidios verdes
La relación comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea vuelve a estar bajo tensión. La imposición de nuevos aranceles al acero y aluminio por parte de Washington, sumada a los desacuerdos por los subsidios a tecnologías limpias, ha generado una creciente preocupación sobre el inicio de una nueva guerra comercial transatlántica.
El conflicto actual tiene sus raíces en decisiones de la administración Trump, que en 2018 impuso aranceles del 25 % al acero y del 10 % al aluminio, argumentando razones de seguridad nacional. Aunque la administración Biden había intentado suavizar la disputa con acuerdos de «volúmen limitado» (cuotas en lugar de aranceles), la falta de progreso en un acuerdo permanente y las nuevas medidas anunciadas han vuelto a tensar la relación con Bruselas.
La Ley de Reducción de la Inflación y el enojo europeo
Uno de los puntos más conflictivos ha sido la Ley de Reducción de la Inflación (IRA, por sus siglas en inglés), impulsada por la Casa Blanca. Este paquete legislativo incluye subsidios multimillonarios a la producción local de vehículos eléctricos, baterías y energías renovables, con el objetivo de reindustrializar el país y reducir las emisiones.
Europa ha visto en estas medidas un acto de competencia desleal que podría vaciar su tejido industrial, ya que muchas empresas evalúan trasladarse a EE.UU. para aprovechar los beneficios fiscales. Funcionarios de la UE han presionado para que sus empresas también sean elegibles, pero sin lograr concesiones sustantivas.
El temor en Bruselas es que esta política derive en una «carrera de subsidios» entre las dos potencias, desestabilizando el comercio global y debilitando la cooperación internacional en la lucha contra el cambio climático.
Tecnología, normas y vigilancia: el nuevo campo de batalla
Más allá de los bienes industriales, también existe una creciente fricción sobre las normas digitales y tecnológicas. La UE ha avanzado con legislaciones que regulan el uso de datos, imponen reglas a grandes plataformas digitales y exigen transparencia algorítmica.
Washington, por su parte, considera que estas normas afectan de manera desproporcionada a empresas estadounidenses como Google, Amazon o Meta. El riesgo de nuevos litigios ante la OMC o la imposición de contramedidas se cierne sobre el escenario.
Además, la presión sobre empresas europeas para alinearse con restricciones estadounidenses a la exportación de tecnologías a China ha generado tensiones adicionales. Europa busca mantener su autonomía estratégica, pero también teme represalias de su principal aliado militar.
¿Una fractura estructural o una disputa contenida?
Aunque las tensiones son evidentes, también hay señales de contención. Ambas partes han mantenido canales de diálogo como el Consejo de Comercio y Tecnología (TTC), que intenta armonizar regulaciones y evitar escaladas.
Sin embargo, las diferencias estructurales entre modelos económicos -uno más liberal y basado en el mercado, otro con regulaciones sociales y ambientales más estrictas- hacen que los roces sean inevitables. ¿Se trata solo de desacuerdos puntuales o de una fractura más profunda en la alianza económica occidental?
El auge del proteccionismo estratégico, el impacto de la guerra en Ucrania en las cadenas de suministro y el auge de China como competidor sistémico también obligan a ambas regiones a redefinir sus prioridades. Lo que está en juego no es solo el comercio, sino el liderazgo del orden económico global.
La alianza transatlántica frente al espejo
La relación entre Estados Unidos y la Unión Europea atraviesa un momento delicado. Las disputas comerciales y tecnológicas revelan tensiones que van más allá de lo coyuntural. Aunque comparten valores democráticos y alianzas político-militares, sus intereses económicos no siempre están alineados.
El reto está en evitar una escalada que perjudique a ambas partes y debilite su posición frente a potencias autoritarias. Si bien es probable que las disputas continúen, también existen mecanismos para su gestión pacífica. La pregunta clave es si sabrán utilizarlos a tiempo o si, por el contrario, veremos el resurgir de una guerra comercial entre los dos pilares históricos del Occidente económico.
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