Más allá de la geopolítica, están las personas. El impacto directo de un misil iraní en el Hospital Soroka de Israel ha sido calificado como un «crimen de guerra». Esta es la historia del sufrimiento civil, un trágico espejo en ambos lados del conflicto.
En la guerra, la primera víctima es siempre la inocencia, y la línea que separa al combatiente del civil se desdibuja hasta convertirse en una mancha de sangre y escombros. El conflicto entre Irán e Israel ha cruzado un umbral oscuro, donde los lugares de sanación se convierten en objetivos y los hogares en tumbas.
El momento que cristaliza esta tragedia ocurrió en la ciudad de Beersheba, al sur de Israel. Un misil balístico iraní impactó directamente en el Centro Médico Soroka, uno de los hospitales más importantes del país, causando «daños extensos» y desatando el pánico entre pacientes y personal médico.
«Una línea roja cruzada»
El ministro de Salud de Israel, Uriel Buso, no dudó en calificar el ataque como «un acto de terrorismo y un crimen de guerra que cruza una línea roja». La Organización Mundial de la Salud (OMS) condenó enérgicamente los ataques a instalaciones sanitarias. El director del hospital, Shlomi Kodesh, con la voz quebrada pero firme, prometió: «Nuestro espíritu es fuerte. Nos levantaremos, reconstruiremos».
Este ataque no es un hecho aislado. En ciudades como Tel Aviv, Ramat Gan y Haifa, misiles iraníes han golpeado edificios residenciales, dejando un rastro de muerte y destrucción. Testimonios de civiles describen el terror de correr a los refugios y la angustia de vivir bajo una amenaza constante. En Tel Aviv, decenas de familias han convertido aparcamientos subterráneos en refugios improvisados, durmiendo en el suelo por temor a que sus viejos edificios no resistan un impacto directo.
El espejo del sufrimiento: La realidad en Irán
Trágicamente, esta realidad tiene un reflejo casi idéntico en Irán. Mientras el mundo condenaba el ataque al hospital Soroka, el gobierno iraní denunciaba que Israel había atacado tres de sus propios hospitales desde el inicio de la ofensiva, incluyendo uno en Teherán.
Organizaciones de derechos humanos y el propio Ministerio de Salud iraní reportan cientos de civiles muertos y miles de heridos por los bombardeos israelíes. Informes hablan de ataques a edificios residenciales en Teherán y del uso del hambre como arma de guerra, en una escalada que borra cualquier distinción entre objetivos militares y la población civil. En la capital iraní, el pánico ha llevado a miles de personas a huir, formando largas colas en las gasolineras y panaderías en un intento desesperado por conseguir combustible y alimentos.
«La gente tiene miedo. Duermen aquí porque no tienen protección en sus casas. Es una situación sin precedentes.» – Ronen Keler, activista en un refugio improvisado en Tel Aviv.
Esta simetría del sufrimiento demuestra que, en la guerra moderna, no hay ganadores entre la población civil. El ataque a un hospital en Beersheba no es solo una tragedia israelí; es un símbolo de una humanidad que se ataca a sí misma, donde los lugares destinados a preservar la vida se convierten en el epicentro de la muerte.


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