En un giro que lo aleja de Europa, el primer ministro británico Keir Starmer ha respaldado el bombardeo de EE.UU. a Irán. Descubre las claves de esta decisión.
En un movimiento decisivo que lo separa de sus antiguos socios europeos, el Reino Unido, bajo el liderazgo del primer ministro laborista Keir Starmer, ha ofrecido un firme respaldo al bombardeo estadounidense sobre Irán, reafirmando la «Relación Especial» con Washington en un momento de máxima crisis global.
Mientras las capitales de la Unión Europea hacían un llamamiento conjunto a la contención y la diplomacia, Londres ha optado por una vía diferente. La respuesta del gobierno británico a la crisis iraní ha sido clara, rápida y alineada con la de su principal aliado al otro lado del Atlántico.
Solidaridad Angloamericana en Plena Crisis
El primer ministro Keir Starmer no ha dejado lugar a dudas. En una declaración pública, calificó el programa nuclear de Irán como una «grave amenaza a la seguridad internacional» y afirmó que «Estados Unidos ha tomado medidas para mitigar esa amenaza». Aunque también instó a Irán a «regresar a la mesa de negociaciones», su mensaje principal fue de respaldo a la acción militar estadounidense.
Esta postura contrasta fuertemente con la cautela y la angustia expresadas desde Bruselas, París y Berlín, y subraya la nueva realidad geopolítica del Reino Unido tras su salida de la Unión Europea.
El Cálculo Político del Post-Brexit
La decisión de Starmer no puede entenderse sin el prisma del Brexit. Fuera de la UE, la política exterior británica pivota de manera mucho más decisiva en torno a su alianza con Estados Unidos. Esta crisis es la primera prueba de fuego de gran magnitud para esa reorientación estratégica bajo un gobierno laborista.
Alinear al Reino Unido con Washington en un momento de crisis no solo refuerza la «Relación Especial», sino que también proyecta una imagen de un Reino Unido fuerte y decidido en la escena mundial, un mensaje clave para la audiencia doméstica post-Brexit.
La Presión Interna: El Ascenso de Reform UK
La política interna juega un papel crucial en la decisión de Starmer. Mientras proyecta una imagen de firmeza en el exterior, en casa se enfrenta a un desafío populista creciente desde la derecha. El partido Reform UK, heredero del Partido del Brexit de Nigel Farage, ha experimentado un aumento espectacular en las encuestas, alcanzando su máxima valoración histórica.
Reform UK, que cuenta ya con varios diputados en el Parlamento, capitaliza un discurso nacionalista, euroescéptico y crítico con las élites tradicionales. Su ascenso ejerce una presión constante sobre los dos partidos mayoritarios, Laboristas y Conservadores, para que adopten posturas más asertivas en materia de seguridad y soberanía nacional.
> «A Irán nunca se le debe permitir desarrollar un arma nuclear y Estados Unidos ha tomado medidas para mitigar esta amenaza. La situación en Oriente Medio sigue siendo inestable y la estabilidad en la región es una prioridad», escribió Starmer en un comunicado que podría haber firmado un líder conservador.
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El rápido e incondicional apoyo de Keir Starmer a la acción estadounidense es, en este contexto, una jugada política calculada. Busca neutralizar de antemano cualquier acusación de «debilidad» en defensa, una vulnerabilidad histórica del Partido Laborista. Al mostrarse como un líder «fuerte» y alineado con el aliado más poderoso del país, Starmer se blinda ante las críticas de sus rivales internos, tanto del Partido Conservador como del ascendente Reform UK. Es una decisión donde la política exterior está, en gran medida, al servicio de la estrategia política doméstica.


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