La guerra en Colombia entra en fase tecnológica: drones del ELN desafían la “Paz Total” de Petro.
La guerra en Colombia ha entrado en una nueva y aterradora fase tecnológica. Un ataque con drones perpetrado por la guerrilla del ELN contra una patrulla militar en el Catatumbo, que dejó 3 soldados muertos y 8 heridos, evidencia una escalada que desafía la viabilidad de la política de «Paz Total» del gobierno de Gustavo Petro.
El incidente, ocurrido el 21 de julio de 2025, no es un hecho aislado. Se enmarca en la brutal guerra territorial que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) libra contra las disidencias de las FARC en esta convulsa región fronteriza con Venezuela desde principios de año. Este conflicto ha dejado un saldo devastador: más de 100 muertos, decenas de secuestrados y miles de desplazados, provocando una grave crisis humanitaria.
Organismos como el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) han alertado que Colombia vive su peor situación humanitaria desde la firma del acuerdo de paz con las FARC en 2016. La Defensoría del Pueblo, por su parte, ha calificado la situación en el Catatumbo como la mayor crisis de desplazamiento forzado en la historia de la región.
Diálogos Rotos y Acusaciones de «Crímenes de Guerra»
Este salto tecnológico en las tácticas de la guerrilla ocurre en un momento crítico, con los diálogos de paz entre el gobierno y el ELN completamente suspendidos. La ofensiva del ELN en el Catatumbo llevó al propio presidente Petro a endurecer su discurso, calificando las acciones de la guerrilla como «crímenes de guerra» y afirmando que el grupo armado «no tiene ninguna voluntad de paz».
«La quimera de la paz. Se cumplen tres años de la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad, y Colombia sigue reciclando sus violencias. El conflicto armado, alentado por el narcotráfico, sigue latente». – Análisis de El País
Análisis: El Salto Cualitativo que Desafía la Negociación
El uso de drones armados por parte del ELN representa un salto cualitativo en la asimetría del conflicto. Demuestra que los grupos armados ilegales no solo no se están debilitando, sino que están adaptando tácticas de guerra moderna, antes asociadas casi exclusivamente a ejércitos estatales.
Esta evolución tecnológica hace que las estrategias de contrainsurgencia tradicionales queden obsoletas. Más importante aún, socava la premisa fundamental de la política de «Paz Total» de Petro, que se basa en la idea de negociar con grupos cuya capacidad militar, aunque considerable, se entendía dentro de un paradigma conocido.
El dron no es solo un arma nueva; es un símbolo de que el ELN podría no estar en una posición de debilidad buscando una salida negociada, sino en una fase de fortalecimiento y modernización militar. Si los grupos armados se vuelven más poderosos y tecnológicamente sofisticados, su incentivo para deponer las armas disminuye drásticamente. Esto coloca al gobierno de Petro ante un dilema casi irresoluble:
- Continuar buscando una paz que, ante esta nueva realidad, podría ser percibida como ingenua.
- Volver a una «guerra total» que contradice su mandato presidencial y su filosofía política.
La situación se complica aún más por el factor Venezuela. La porosa frontera sirve de refugio y corredor para estos grupos, y la anunciada (y polémica) operación militar conjunta entre los ejércitos de Colombia y Venezuela para combatir al ELN —un antiguo aliado del chavismo— añade una capa de complejidad geopolítica impredecible.
El zumbido de los drones sobre el Catatumbo es, por tanto, el sonido de la «Paz Total» entrando en una crisis existencial. La guerra en Colombia está evolucionando a una velocidad alarmante, y la gran incógnita es si la estrategia de paz del gobierno puede adaptarse o si está destinada a estrellarse contra esta nueva y más letal realidad.
