La paz de dos caras en Colombia: ELN rompe y una facción se desarma

La paz de dos caras en Colombia: ELN rompe y una facción se desarma
La paz de dos caras en Colombia: ELN rompe y una facción se desarma

La política de «Paz Total» del gobierno de Gustavo Petro atraviesa su momento más paradójico. La mesa de negociación principal con la guerrilla del ELN está suspendida y en crisis, pero, al mismo tiempo, un frente disidente de ese mismo grupo ha entregado 585 artefactos explosivos al Ejército.

La búsqueda de la paz en Colombia se ha convertido en un laberinto de contradicciones. La estrategia insignia del presidente Gustavo Petro, la «Paz Total», se enfrenta a una realidad fragmentada que desafía cualquier enfoque monolítico. Por un lado, la principal mesa de diálogo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), instalada con grandes expectativas en 2022, se encuentra en un punto muerto, con las conversaciones formalmente suspendidas.

Los obstáculos han sido insalvables. El punto de quiebre más notorio ha sido la negativa del comando central del ELN, liderado por figuras como Pablo Beltrán, a renunciar al secuestro de civiles, una práctica que la guerrilla insiste en denominar eufemísticamente como «retenciones con fines económicos» u «operaciones de finanzas». Esta postura, sumada al malestar de la cúpula guerrillera por los diálogos paralelos del gobierno con una de sus facciones, ha dinamitado la confianza y congelado el proceso.

Sugerencia: Una imagen de soldados colombianos recibiendo y desactivando los explosivos entregados por los Comuneros del Sur.

Un Avance Inesperado en Medio de la Crisis

Mientras la mesa principal se desmoronaba, un avance sin precedentes ocurría en el departamento de Nariño. El Frente Comuneros del Sur, una estructura del ELN que se declaró en disidencia del comando central, ha protagonizado un hito histórico. En un acto de gran simbolismo, este grupo se convirtió en la primera organización armada en entregar armamento en el marco de la «Paz Total».

Los resultados de esta negociación paralela son tangibles:

 * Entrega de 585 artefactos explosivos que fueron destruidos por el Ejército.

 * Acuerdos para la sustitución de 5,000 hectáreas de cultivos ilícitos en Nariño.

 * Avances en temas de reparación a víctimas y fiscalización de la minería ilegal.

Este éxito localizado, sin embargo, es la misma razón del enojo del ELN central, que lo considera una estrategia del gobierno para dividirlos y debilitarlos.

La Fragmentación de la Guerra y la Paz

Lo que estos eventos revelan es un cambio de paradigma. La era de negociar con grandes grupos armados monolíticos, como en el histórico acuerdo con las FARC , parece haber terminado. La realidad actual es la de una atomización de la violencia, con múltiples facciones y grupos disidentes que operan con agendas propias.

La «Paz Total» ha tenido que adaptarse sobre la marcha, pasando de una visión de un gran acuerdo nacional a una estrategia de «paz por pedazos». Se negocia con quien esté dispuesto, donde sea posible. Este enfoque pragmático es a la vez una muestra de flexibilidad y un reconocimiento de la complejidad del conflicto colombiano actual. La gran pregunta que queda en el aire es si esta suma de paces locales y fragmentadas podrá, eventualmente, construir una paz nacional duradera y estable.

Mientras tanto, la sociedad civil sigue manifestándose en las calles de ciudades como Bogotá por diversas causas, desde la violencia de género hasta reformas laborales, demostrando un anhelo de cambio en un país cansado de la violencia pero activamente involucrado en su futuro.

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