En el clímax de un caso que ha conmocionado al Reino Unido, la aristócrata Constance Marten y su pareja, Mark Gordon, han sido declarados culpables de homicidio por negligencia grave por la muerte de su hija recién nacida, Victoria, tras una desesperada fuga de 53 días en pleno invierno.
La trágica historia de la bebé Victoria ha llegado a su conclusión judicial. Un jurado del tribunal penal de Old Bailey, en Londres, ha declarado culpables de homicidio por negligencia grave a sus padres, la aristócrata Constance Marten, de 38 años, y Mark Gordon, de 51. El veredicto pone fin a un drama que mezcló privilegio, miseria y una negligencia fatal, capturando la atención de toda una nación. La pareja, que ya había sido condenada por pervertir el curso de la justicia y crueldad infantil, será sentenciada el próximo 15 de septiembre.
La odisea comenzó el 5 de enero de 2023, cuando su coche fue encontrado en llamas en una autopista cerca de Bolton. En su interior, la policía halló una placenta, desatando una masiva cacería humana de 53 días para encontrar a la pareja y a su bebé recién nacida.
Una fuga marcada por la negligencia
La fiscalía argumentó que la muerte de Victoria fue «completamente evitable». A pesar de que Marten tenía acceso a un fondo fiduciario y disponía de miles de libras en una cuenta bancaria, la pareja eligió vivir «fuera del sistema». Viajaron por todo el país en taxis pagados en efectivo y finalmente acamparon en una frágil tienda de campaña en la reserva natural de South Downs durante uno de los inviernos más fríos.
Las imágenes de las cámaras de seguridad mostraron a la bebé Victoria siendo transportada dentro del abrigo de su madre o, de forma aún más escalofriante, en una «bolsa para toda la vida» de un supermercado Lidl, sin la ropa adecuada para protegerla de las temperaturas bajo cero. Tras su arresto el 27 de febrero de 2023, la pareja se negó a revelar el paradero de la niña. El cuerpo sin vida y en avanzado estado de descomposición de Victoria fue encontrado dos días después, el 1 de marzo, dentro de una bolsa de Lidl en un cobertizo abandonado.
El privilegio y la patología
El caso ha sido una cruda exposición de las contradicciones de clase y privilegio. La historia de Constance Marten, descendiente de una familia aristocrática con conexiones con la realeza, contrastaba brutalmente con la sordidez de su vida en la indigencia autoimpuesta. No era una historia de pobreza que llevaba a la desesperación, sino de una elección deliberada que tuvo consecuencias fatales. El hecho de que tuvieran recursos económicos pero optaran por un estilo de vida que resultó en la muerte de su hija, transformó la percepción pública de su caso de una posible tragedia a un acto de profundo y egoísta abandono.
«Las acciones egoístas de Mark Gordon y Constance Marten resultaron en la muerte de una bebé inocente que debería haber tenido toda la vida por delante.» – Detective Superintendente Lewis Basford, Scotland Yard.
La sombra de los servicios sociales
La razón fundamental de la fuga de la pareja fue su intento de evadir a los servicios sociales, después de que sus cuatro hijos anteriores les fueran retirados por orden judicial ante el riesgo de sufrir daños. Marten había enmarcado esta situación como una lucha contra un «Estado que le robaba a sus hijos».
El veredicto de culpabilidad por homicidio sirve ahora como una trágica y pública reivindicación de la controvertida decisión inicial de los tribunales de familia. Un alto cargo de la policía lo declaró explícitamente: «la decisión del tribunal de familia… se demostró que era correcta». La historia de la bebé Victoria se convierte así en un poderoso y horrible caso de estudio en el eterno debate sobre los límites de los derechos de los padres frente al deber del Estado de proteger a los niños.


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