jueves, enero 1, 2026

Cómo un país pierde su democracia en 7 pasos: claves para reflexionar hoy

En su libro Cómo perder un país: Los siete pasos de la democracia a la dictadura, Ece Temelkuran ofrece una advertencia que, aunque centrada en Turquía, resuena con fuerza en cualquier democracia en riesgo. Con ejemplos claros y una narrativa precisa, Temelkuran aborda la desintegración de los valores democráticos, un fenómeno que, como el mismo libro señala, no ocurre de la noche a la mañana, sino a través de un proceso gradual y constante.

A continuación, exploramos los primeros pasos de esta espiral de retroceso democrático, inspirados en su libro, y reflexionamos sobre los riesgos a los que cualquier sociedad puede enfrentarse si no vigila atentamente las señales.

Paso 1: Crear un movimiento “del pueblo”

El primer paso, según Temelkuran, es generar un movimiento con una supuesta identidad popular, uno que agrupe a un “nosotros” selectivo y defina, en contraposición, un “ellos.” Este movimiento es presentado como la encarnación de la virtud y la lucha contra la corrupción, ganando adeptos al posicionarse como el auténtico pueblo, el único defensor de los verdaderos intereses de la gente. Quien no encaje en esta categoría automáticamente queda fuera, es tachado de “enemigo del pueblo” o de la “moral”. Así, se logra una poderosa movilización social, en la cual el movimiento es sinónimo de justicia y cambio, y el líder es visto como el “guía” indispensable.

Este primer paso resuena con muchas figuras contemporáneas que se autodenominan “la voz del pueblo” y que polarizan a la sociedad en dos grupos antagónicos. La creación de un enemigo común, representado por el “sistema corrupto” o “las élites”, permite aglutinar el apoyo social, a menudo sacrificando la pluralidad de voces y la diversidad de opiniones.

Paso 2: Simplificar problemas y “enemigos del pueblo”

Los problemas sociales se presentan en términos simples, fácilmente comprensibles y en blanco y negro. Las explicaciones complejas se reemplazan por frases populistas y mensajes directos, generando una narrativa binaria donde las voces críticas son “enemigos” o incluso criminales. Las redes sociales son el medio perfecto para esta estrategia: alimentan la narrativa de “nosotros contra ellos” y facilitan la difusión de noticias falsas o verdades a medias.

El lenguaje vulgar y los mensajes directos, que suelen ser considerados “auténticos”, son una herramienta poderosa para reforzar esta imagen. Al tratar los problemas sociales con explicaciones básicas, se reduce el espacio para el debate, y se genera una corriente de simpatía hacia un discurso simple, que poco a poco va polarizando a la sociedad.

Paso 3: Ignorar la verdad, crear “otros datos”

En el contexto de la posverdad, Temelkuran explica que el liderazgo autoritario no se detiene ante la falta de evidencia o los hechos. Se crean “otros datos” y “nuevas verdades”, y se presenta a la ciencia o el conocimiento especializado como versiones elitistas e innecesarias. En este proceso, el líder se despoja de cualquier vergüenza por mentir y utiliza “hechos alternativos” para justificar sus políticas. Se inventan datos, se niegan los consensos científicos y se promueven conspiraciones que refuerzan la narrativa del movimiento.

La desinformación se convierte en una herramienta cotidiana para confundir a la sociedad y reforzar la lealtad al líder y su movimiento. Así, la realidad se distorsiona, y las personas se vuelven dependientes de una única fuente de “verdad”: el líder y su grupo cercano.

Paso 4: Desmantelar el sistema judicial y político

Una vez consolidado el poder, el siguiente paso es debilitar las instituciones que limitan el control absoluto. La justicia y la política se vuelven “obstáculos” para el progreso del movimiento. La democracia es tachada de “falsa” o “neoliberal”, y el sistema judicial, los jueces, los parlamentos y otras instituciones son considerados “corruptos” y dispensables. Poco a poco, las leyes se van moldeando a la conveniencia del movimiento y de su líder, destruyendo las bases del Estado de derecho.

Este paso es particularmente alarmante, pues implica que el sistema que protege los derechos de los ciudadanos se convierte en una herramienta del régimen. Las instituciones que defienden la democracia y los derechos humanos son desmanteladas y reemplazadas por mecanismos que solo responden a los intereses de una minoría poderosa.

Una advertencia para cualquier sociedad

Los pasos que Temelkuran describe en su libro no son simples teorías: se trata de un reflejo de procesos que ya han ocurrido en distintas partes del mundo, y que en algunos lugares están avanzando. Su narrativa nos invita a reflexionar profundamente sobre cómo las democracias pueden ser vulnerables a los líderes autoritarios que se presentan como “salvadores” del pueblo. Si no se atienden las señales, estos procesos de deterioro democrático pueden desembocar en regímenes autoritarios, donde la pluralidad y la libertad quedan reducidas a eslóganes vacíos.

Reconstruir la confianza en la democracia

Para proteger a la democracia, es fundamental que las sociedades mantengan una vigilancia activa y exijan transparencia y responsabilidad a sus líderes. La pluralidad de opiniones y la defensa de instituciones fuertes y autónomas son pilares que deben ser defendidos con firmeza. En una época en la que el autoritarismo y la manipulación parecen ganar terreno, la lección de Ece Temelkuran se vuelve más relevante que nunca: la democracia es un sistema frágil, pero indispensable. Cuidarla es un compromiso que todos debemos asumir.

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