Pekín ha incrementado significativamente su presencia naval y aérea en aguas disputadas de Asia Oriental durante mayo de 2025, incluyendo el Mar de China Meridional, Taiwán y Japón, desplegando hasta 70 buques y bombarderos estratégicos. La ASEAN, con Filipinas a la cabeza, reitera la urgencia de un Código de Conducta vinculante.
En un movimiento que ha elevado considerablemente las tensiones en Asia Oriental, China ha protagonizado una escalada en sus operaciones navales y aéreas durante el mes de mayo de 2025. Fuentes de seguridad regionales e imágenes satelitales confirman un despliegue inusualmente grande de activos militares en zonas estratégicas y disputadas, incluyendo el Mar de China Meridional, las aguas circundantes a Taiwán y el sur de Japón. Esta demostración de fuerza coincide con un renovado impulso diplomático por parte de naciones del Sudeste Asiático para establecer normas que mitiguen el riesgo de conflicto.
Despliegue Naval Sin Precedentes y Movilización de Portaaviones
Informes indican que solo en los días 21 y 27 de mayo, China desplegó flotas de entre 60 y 70 buques, respectivamente. Aproximadamente tres cuartas partes de estos eran navíos de guerra, incluyendo destructores de misiles guiados y fragatas, además de embarcaciones de la guardia costera.
De manera crítica, Pekín movilizó dos grupos de portaaviones: el Shandong fue avistado en el Mar de China Meridional, mientras que el Liaoning operó cerca de la costa sureste de Taiwán. Un oficial de seguridad regional, citado por Reuters, señaló que estas maniobras buscan «ejercer presión sobre toda la primera cadena de islas» y «reforzar su dominio», añadiendo que los ejercicios del Liaoning simularon ataques contra buques y aeronaves extranjeras. Esta actividad coordinada no solo demuestra una mayor capacidad operativa, sino que también envía un mensaje político contundente a múltiples actores regionales y extrarregionales, incluyendo Estados Unidos, Filipinas, Taiwán y Japón, especialmente en vísperas de importantes foros de defensa como el Diálogo de Shangri-La.
<h2>Bombarderos Estratégicos en las Islas Paracel</h2>
Sumándose a la presión naval, imágenes satelitales confirmaron el aterrizaje de dos de los bombarderos estratégicos de largo alcance más avanzados de China, los H-6, en la Isla Woody (Yongxing Dao para China), parte del disputado archipiélago de las Paracel en el Mar de China Meridional. Este es el primer despliegue de estos bombarderos, capaces de portar misiles de crucero antibuque y de ataque terrestre, en dicha isla desde 2020. Junto a los H-6, se observaron otras aeronaves militares como aviones de alerta temprana KJ-500 y aviones de transporte Y-20.
Analistas describen esta acción como una «señalización omnidireccional» por parte de Pekín. El despliegue en un puesto de avanzada como la Isla Woody, a pesar de su inherente vulnerabilidad, subraya la creciente capacidad de China para proyectar poder rápidamente en áreas contestadas.
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La Respuesta de ASEAN: Urgencia por un Código de Conducta Vinculante
Frente a esta creciente actividad militar, las naciones de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) han intensificado sus llamados a la moderación y al establecimiento de un marco normativo. Durante la 46ª Cumbre de la ASEAN, celebrada en Kuala Lumpur, Malasia, los días 26 y 27 de mayo, el presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr., instó enérgicamente a acelerar la adopción de un Código de Conducta (CoC) en el Mar de China Meridional que sea legalmente vinculante.
Marcos Jr. enfatizó que dicho código es crucial para «salvaguardar los derechos marítimos, promover la estabilidad y prevenir errores de cálculo en el mar». La insistencia en que el CoC sea vinculante es un punto clave que ha obstaculizado las negociaciones con China durante más de dos décadas, desde que comenzaron en 2002. El primer ministro de Malasia, Anwar Ibrahim, actual presidente de la ASEAN, también subrayó la necesidad de estabilidad regional.
La firme postura de Filipinas, que ha experimentado numerosos encuentros tensos con buques chinos en los últimos meses, pone una presión considerable sobre el enfoque de ASEAN, tradicionalmente basado en el consenso. Las acciones de China podrían interpretarse como un intento de establecer «hechos consumados en el agua» que un futuro CoC tendría que acomodar, o como una táctica para presionar a la ASEAN. Esta dinámica dificulta que el bloque encuentre un terreno común, ya que algunos estados miembros pueden ser más reacios a confrontar a Pekín, lo que podría acentuar divisiones internas.
Por su parte, las Fuerzas Armadas de Filipinas (AFP) han declarado su disposición a implementar cualquier CoC que se finalice.
La Postura de China: «Maniobras Legales»
Pekín, sin embargo, mantiene que sus maniobras son legales y se realizan de conformidad con el derecho internacional, instando a una visión «objetiva y racional» de sus actividades. Medios estatales chinos, por ejemplo, desestimaron una reciente misión civil filipina al Bajo de Masinloc (Scarborough Shoal) calificándola de «farsa».
Esta narrativa oficial china contrasta marcadamente con la creciente ansiedad regional y las acusaciones de «presencia ilegal» por parte de países como Filipinas. Esta divergencia fundamental en la interpretación del derecho internacional, particularmente la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), y las normas regionales, sigue siendo el principal obstáculo para la resolución de disputas. La presencia militar incrementada de China, aunque defendida como legal, es percibida por otros como coercitiva y desestabilizadora, erosionando aún más la confianza.
La comunidad internacional observa con atención cómo se desarrollan estos eventos, conscientes de que cualquier error de cálculo en esta estratégica y vital vía fluvial podría tener consecuencias de gran alcance


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