Violencia en universidades: el caso CCH Sur
El asesinato de Jesús Israel Hernández Chávez en el CCH Sur encendió las alarmas sobre la presencia de comunidades incel en México. Estos grupos, autodenominados “célibes involuntarios”, utilizan espacios digitales para difundir discursos de odio y venganza hacia las mujeres, creando un entorno de riesgo para estudiantes y trabajadores de instituciones educativas.
Ataques recientes y patrones de comportamiento
El 22 de septiembre de 2025, Lex Ashton asesinó a Jesús Israel y dejó herido a un trabajador, mostrando un patrón de agresión relacionado con comunidades incel. Solo dos semanas después, otro estudiante, Brandon “N”, fue detenido por difundir amenazas de muerte hacia compañeras en la BUAP, evidenciando la expansión de estos grupos y su impacto en la seguridad escolar.
Orígenes y evolución de los incels
El término “célibes involuntarios” fue acuñado en 1997 por Alana, una joven canadiense que buscaba crear apoyo entre hombres con dificultades para entablar relaciones. Sin embargo, estos espacios se transformaron en foros de violencia, misoginia y victimización masculina, donde los hombres construyen una identidad colectiva basada en resentimiento y rivalidad con otros hombres y mujeres.
Jerga y conceptos clave en comunidades incel
Los incels utilizan conceptos específicos como redpill, blackpill y retribución. La redpill plantea que las mujeres controlan la vida romántica de los hombres; la blackpill sugiere que el éxito en el amor depende solo de la genética; retribución alude a venganza violenta. Otros términos incluyen chad, para hombres atractivos, y foid, para deshumanizar a las mujeres.
Factores psicológicos y sociales detrás del fenómeno
Especialistas señalan que estos comportamientos suelen originarse en entornos familiares violentos y en la falta de educación emocional. La timidez extrema, la ansiedad social y la baja autoestima son comunes, generando una identidad rígida en la que pedir ayuda resulta difícil y la violencia se normaliza.
Impacto en la educación y prevención
El sociólogo Jorge Jiménez advierte sobre un vacío educativo que permite la proliferación de incels. La falta de educación en afectividad, sexo y género contribuye a que los jóvenes busquen estas comunidades como forma de validación, lo que exige intervención desde la familia, la escuela y la sociedad para prevenir nuevos ataques.
Discursos de odio y redes sociales
En los foros de habla hispana, los incels reproducen expresiones de resentimiento y violencia, compartiendo imágenes de armas y haciendo referencia a ataques previos. La viralización de estos contenidos amplifica la percepción de amenaza y el riesgo real para estudiantes y docentes en instituciones educativas.
Responsabilidad social y cultural
Expertos coinciden en que enfrentar el fenómeno incel requiere revisar la educación emocional, la socialización de los hombres y las desigualdades de género presentes en la sociedad. La prevención debe incluir tanto la intervención institucional como la reflexión colectiva sobre roles, cuidados y acompañamiento a adolescentes en riesgo.
Recomendaciones para autoridades y comunidades
La atención a este fenómeno debe ir más allá del delito individual. Implica protocolos de seguridad en escuelas, monitoreo de redes, educación en igualdad y programas de apoyo psicológico para prevenir que la misoginia digital se traduzca en violencia física real.


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