sábado, enero 17, 2026

Niños y jóvenes atrapados por la delincuencia en Quintana Roo

Las detenciones de este 2025 incluyen jóvenes menores de 29 años, incluso niños de 12 años, que ahora están tras las rejas acusados de delitos graves como homicidio o narcomenudeo.

Durante un recorrido de vigilancia en calles de Cancún, elementos del Grupo Centurión, de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, vieron el 23 de septiembre a dos personas intercambiando bolsitas con mariguana. Cuando los abordaron para hacerles una revisión se percataron de que uno de ellos era menor de edad.

Con 12 años, el menor identificado solo con las siglas J. E. A. B. está ahora a disposición de la Fiscalía Especializada en Menores y además se le vincula con una agresión armada registrada días antes en la base de taxis de Leona Vicario.

El 22 de septiembre, elementos de la Policía de Investigación y la Guardia Nacional aprehendieron a los jóvenes David Melchor, de 22 años, y Brayan Rodrigo, de 26, por intento de homicidio. Los hechos ocurrieron el 22 de septiembre en la carretera Playa del Carmen-Puerto Morelos cuando la víctima conducía un vehículo junto a otras dos personas, mientras que los dos jóvenes detenidos iban en un auto sedán, se les emparejaron y comenzaron a disparar.

La víctima quiso evadir la agresión y perdió el control del auto para salirse de la carretera, por lo que los tres ocupantes corrieron hacia el monte para ocultarse. El conductor resultó herido en el tórax y la rodilla izquierda. La FGE confirmó que fueron confundidos con narcomenudistas. Los dos jóvenes detenidos portaban armas de fuego calibre .380 y Calibre .223, esta última de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas.

Otro caso más. Elementos de la Policía de Investigación, la Policía Municipal de Tulum y la Guardia Nacional aprehendieron el pasado 12 de octubre a Jafet Nicolás, alias “Draco” o “El 87”, de 18 años, originario de Veracruz, por feminicidio en grado de tentativa. La FGE confirmó que este joven es integrante de un grupo delincuencial generador de violencia en Tulum y, al momento de la detención, se le aseguró mariguana, dos armas de fuego calibre .9 mm de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas. 

Este joven tiene la función de sicario dentro de su grupo delincuencial. Fue detenido por la agresión que sufrió una adolescente a quien obligó a consumir cristal y la agredió sexualmente. Al siguiente día la menor fue llevada a un camino de terracería donde el joven le disparó en ocho ocasiones, provocándole tres lesiones y perforándole un pulmón, aunque logró sobrevivir. Ahora, el joven delincuente está en prisión preventiva oficiosa.

Así como estos tres casos, las historias se cuentan por más de un centenar tan solo este año. Son menores de edad y jóvenes que ya están ligados a bandas criminales, a homicidios, feminicidios, extorsiones, venta de droga al menudeo, robos y pederastia. Cada caso ha sido reportado por la Fiscalía General del Estado (FGE) y la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), ya sea en boletines de prensa oen las conferencias de la Mesa de Seguridad que se realizan los lunes.

Pero hay más casos. El 6 de octubre, las autoridades confirmaron la detención de David Melchor, de 22 años, y Brayan Rodrigo, de 26, por homicidio calificado en Playa del Carmen. También está la detención de Jesús Adolfo, de 19 años, y Álvaro Yael, de 18, acusados de robo de vehículo con violencia en Playa del Carmen. Y el caso de Axel, de 24 años, y José Julián, de 22, por homicidio en Cancún, ambos considerados distribuidores de drogas pertenecientes a un grupo criminal.

En septiembre pasado, fue detenido Ángel Arturo, de 24 años, por extorsión en Cancún. Por pederastia, Rafael Salvador, 28 años, cuya víctima fue su propia hija, en Playa del Carmen. Y por violación, Darío, de 24 años, por hechos ocurridos en Tulum.

Las autoridades han informado además de múltiples detenciones de jóvenes ligados a la venta de drogas al narcomenudeo, en hechos ocurridos en cateos a negocios y domicilios en varios municipios del estado, como Benito Juárez, Playa del Carmen, Isla Mujeres, Cozumel y Tulum. Por ello, las cifras de jóvenes superan el centenar.

Infancias rotas y entornos violentos

Detrás de cada detención o vinculación a proceso, hay historias pueden estar relacionadas con el abandono, frustración y entornos en los que la violencia familiar ha sido normalizada.

La psicóloga Alim Yam, especialista en terapia infantil y juvenil, explica que muchos de estos casos tienen raíces muy profundas que comienzan desde la infancia y se fortalecen con la falta de vínculos familiares y afectivos.

“Estos jóvenes no nacieron delincuentes. Muchos crecieron en hogares donde la violencia era cotidiana, donde no se les escuchó ni se les enseñó a gestionar la frustración o la ira. Son niños que aprendieron que la agresión era una forma de comunicarse con el mundo”, dice.

La especialista asegura que las redes sociales y el contenido digital al que hoy, todas las personas tienen acceso, juegan un papel muy importante en la construcción de sus referentes a lo largo de su crecimiento. 

“Hoy los adolescentes crecen viendo modelos que glorifican la vida rápida, el dinero fácil y la fama violenta. Series, canciones, videos de TikTok o incluso videojuegos, refuerzan la idea de que la brutalidad es sinónimo de poder. Para alguien con carencias emocionales o económicas, eso resulta seductor”, dice.

De acuerdo con la psicóloga, la ausencia de acompañamiento psicológico en las escuelas y la sobrecarga de padres que trabajan todo el día o que acostumbran a vivir en un ambiente de violencia o vicios en el hogar, contribuyen a que muchos menores busquen contención en lugares equivocados.

“Cuando no hay familia, la calle se convierte en familia. Y cuando no hay afecto, el grupo criminal ofrece una identidad, una pertenencia. En esos contextos, la línea entre sentirse protegido y convertirse en agresor se borra fácilmente”, comenta.

¿Son casos perdidos?

Aunque el futuro de muchos de estos jóvenes parece estar marcado por sus delitos, la psicóloga Alim Yam asegura que no todos los casos están perdidos, ya que las intervenciones oportunas pueden marcar una diferencia real en su reintegración social.

Sin embargo, reconoce que los servicios de atención psicológica dentro de los centros de reinserción social aún son insuficientes, por lo que el proceso depende en gran medida de la voluntad y la disposición que cada joven tenga para cambiar su vida.

“Hay casos en los que, con intervención a tiempo, los jóvenes pueden ser rescatados. Pero el sistema actual los abandona una vez que son detenidos; no hay programas reales de reinserción ni seguimiento terapéutico. Sin acompañamiento emocional, la cárcel solo los entrena para delinquir mejor”, señala.

EL VACÍO IMPULSA EL DELITO JUVENIL

Para el psicoanalista Jorge Navarrete, lo que ocurre en Quintana Roo forma parte de un fenómeno generacional más amplio en el que los jóvenes construyen su identidad a partir del vacío y la desesperanza.

“Estamos viendo a una generación que no encuentra sentido en lo legal ni en lo social. Crecen sin proyecto de vida, con una sensación permanente de carencia. El delito no solo les da dinero, les da identidad y propósito”, afirma.

El especialista explica que detrás de esta conducta delictiva que cada joven desarrolla hay una estructura emocional que se ha roto y que inicia desde la infancia con la relación en su núcleo familiar. 

“Muchos de estos jóvenes crecieron con padres ausentes, en contextos donde el afecto fue reemplazado por el consumo o la misma indiferencia. No desarrollaron una figura de autoridad confiable, y por eso, más adelante, la figura del líder criminal se vuelve su referente paternal. Es quien los ve, los valida y les da un lugar en el mundo, aunque sea desde la violencia”, dice.

El experto afirma que la violencia en estos jóvenes no surge de la maldad, sino de una necesidad profunda de reconocimiento. 

“Cuando un chico de 25 años comete un homicidio o se une a una célula delictiva, lo hace desde la necesidad de ser alguien. No lo mueve la ideología, lo mueve el vacío. Es un grito de existencia: ‘si no me ven por lo que soy, me van a ver por lo que hago’”, explica.

Influencia de las redes

Para Jorge Navarrete, el problema también está en el contexto cultural actual, donde la inmediatez y la sobreexposición emocional con contenido delicado en redes sociales refuerzan una sensación de vacío en cada joven.

“Las plataformas digitales están moldeando una forma de pensar basada en la validación constante. Los likes, los seguidores, el reconocimiento inmediato. Cuando eso no llega, se activa una frustración muy similar a la que detona conductas agresivas. El joven que no logra ser visto en la red busca ser temido en la calle”, explica.

Agrega que muchos de los detenidos no comprenden la magnitud de sus actos hasta que ya están inmersos en el sistema penal. 

“Son jóvenes que han vivido tan expuestos a la violencia que ya no perciben el daño que causan. En terapia, lo que más escuchamos es: ‘yo no sabía que eso era tan grave’. Es la consecuencia de haber crecido en un entorno donde la muerte se volvió paisaje. 

“No podemos esperar que un chico que nunca fue escuchado, que nunca tuvo una oportunidad real de construir algo, de pronto se rehabilite solo, pero sí puede hacerlo si hay intervención temprana, trabajo emocional y redes de apoyo. No basta con castigar, hay que comprender para poder transformar”, enfatiza.

En ese sentido, el especialista explica que en estos casos siempre es funcional un enfoque integral que combine terapia comunitaria, acompañamiento emocional en los centros de detención y programas de reinserción que realmente ofrezcan alternativas. 

“Si el Estado sigue tratando la violencia juvenil solo como un problema policial, el ciclo no se romperá. Necesitamos políticas que abracen la prevención desde la infancia y la reconstrucción emocional desde la adolescencia. Solo así dejaremos de ver titulares sobre jóvenes que, en lugar de cumplir sueños, cumplen condenas”.

Paco Marín
Paco Marín
Paco Marín es un periodista egresado en Comunicación y Periodismo por la Universidad Latinoamericana. Su experiencia abarca una amplia gama de temas críticos como salud, política, medio ambiente, infraestructura y educación, lo que le confiere un conocimiento diverso y una perspectiva integral en sus contribuciones. Su formación académica y experiencia práctica fortalecen la fiabilidad y experticia del contenido que genera.
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