El Producto Interno Bruto (PIB) de México creció 7.7 % en el primer trimestre de 2025, alcanzando un valor de 34.7 billones de pesos, según el reporte más reciente del Inegi. Aunque los salarios de los trabajadores también aumentaron, el verdadero motor detrás de este crecimiento fueron las ganancias empresariales, lo que revela cómo se reparte la riqueza en el país.
De cada 100 pesos que produjo la economía mexicana entre enero y marzo, 40 pesos provinieron directamente de las utilidades de las empresas, mientras que 30 pesos correspondieron a salarios y 22 pesos a los ingresos de pequeños negocios y trabajadores por cuenta propia. El resto se explica por impuestos y subsidios. En palabras sencillas: la parte más grande de la “rebanada del pastel económico” quedó en manos de los dueños de negocios.
Para entenderlo mejor, pensemos en un restaurante. El chef, los meseros y el personal reciben su salario (eso es la remuneración de asalariados). El dueño, en cambio, se queda con lo que sobra después de pagar sueldos y costos, lo que se conoce como excedente empresarial. Pues bien, en la economía mexicana lo que más creció fue precisamente esa ganancia de los dueños de los “restaurantes” —es decir, de las empresas.
Según los datos oficiales, el excedente bruto de operación subió casi 10% en un año, mientras que los salarios crecieron 6.2% y los ingresos de pequeños comerciantes apenas un 2.3%. Esto significa que las compañías están logrando aprovechar mejor el entorno económico, ya sea por más ventas, por exportaciones en aumento o por eficiencias en sus operaciones.
Subsidios gubernamentales cayeron
En contraste, los subsidios del gobierno se redujeron más de 40%, lo que quiere decir que el gasto público directo para apoyar a ciertos sectores fue menor. Este dato también ayuda a entender por qué el peso del crecimiento recayó más en las empresas que en el bolsillo de las familias.
Por el lado del gasto, el consumo final de los hogares representó el 80% del PIB, lo que confirma que los mexicanos siguen siendo los principales compradores dentro de la economía. Sin embargo, las exportaciones crecieron 25%, un salto notable que refleja el dinamismo de sectores como la industria automotriz, la manufactura o la agroindustria que venden al extranjero.
El problema es que también crecieron las importaciones en la misma proporción (21%), lo que reduce el beneficio neto de las ventas externas. Dicho de otro modo: México exporta más, pero al mismo tiempo necesita importar insumos, maquinaria o combustibles para sostener su producción, por lo que el impacto final se diluye.
De esta manera, el Inegi revela que el arranque de 2025 fue positivo para la economía mexicana: hubo más producción, más ventas al extranjero y más utilidades para las empresas. Sin embargo, el reto sigue siendo que ese crecimiento se refleje también en los bolsillos de los trabajadores y pequeños negocios, de modo que la prosperidad no quede concentrada en unos pocos, sino que pueda sentirse en los hogares de todo el país.


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