La política industrial ha sido fundamental para el desarrollo económico de diversas naciones, pero en México, este enfoque ha quedado en gran parte en el olvido, mientras que factores como los acuerdos comerciales internacionales y las políticas globales, como el T-MEC, han llegado a dictar el curso de nuestra economía. ¿De qué manera podemos recuperar una estrategia industrial efectiva, sin repetir los fallos del pasado, como el proteccionismo excesivo?
¿Qué es realmente una política industrial?
Cuando John Kenneth Galbraith afirmó que la política industrial no era más que un nombre sofisticado para el proteccionismo, simplificó una realidad mucho más compleja. La política industrial abarca mucho más que la imposición de barreras arancelarias; involucra medidas como la redistribución de la tierra, la formación de una mano de obra técnica, la identificación de sectores clave para el desarrollo y el fomento de la innovación tecnológica. Países como Corea del Sur han logrado una economía fuerte y competitiva gracias a la implementación de estas estrategias.
En contraste, en México, la dependencia de acuerdos internacionales y la falta de una visión estratégica a largo plazo han obstaculizado la posibilidad de desarrollar una política industrial integral que impulse de manera efectiva el crecimiento económico.
Proteccionismo: ¿Solución o riesgo?
El proteccionismo arancelario puede parecer una solución atractiva, pero es una espada de doble filo. Por un lado, puede proteger industrias locales; por otro, puede desatar guerras comerciales y encarecer los productos para los consumidores.
Un ejemplo claro es la retórica de Donald Trump, quien en su primera administración apostó por los aranceles como herramienta política, ignorando que estas medidas terminan afectando principalmente a los consumidores estadounidenses. Para México, caer en este juego sería no solo riesgoso, sino contraproducente.
El trilema de Rodrik: democracia, globalización y soberanía
El economista Dani Rodrik planteó un dilema que sigue vigente: entre democracia, globalización y soberanía, cada país puede escoger solo dos. México, con su adhesión al T-MEC, ha privilegiado la globalización y cierta idea de soberanía, sacrificando en muchos casos los principios democráticos.
Esto se refleja en políticas internas que, aunque buscan fortalecer al país frente a los socios comerciales, a menudo desfiguran nuestras instituciones democráticas. Como lo plantea Nadia Urbinati, esta tendencia nos aleja de un modelo político inclusivo y representativo.
Lecciones para México: hacia una política industrial del siglo XXI
México necesita una política industrial que combine pragmatismo y visión a largo plazo. Aquí algunas claves:
- Innovación y educación técnica: Invertir en la capacitación de la fuerza laboral y en tecnología para competir en un mercado global.
- Selección de sectores estratégicos: Identificar y apoyar industrias con potencial de crecimiento, como las energías renovables o la tecnología.
- Política fiscal y compras gubernamentales: Usar el poder del Estado para incentivar la producción local sin caer en prácticas proteccionistas que aíslen al país.
- Diversificación económica: Reducir la dependencia de mercados como el estadounidense fortaleciendo lazos con otros socios comerciales.
Conclusión
La política industrial en México no puede convertirse en un eco del pasado ni en una respuesta simplista fundamentada en el proteccionismo. Es necesario desarrollar una estrategia integral que combine las ventajas de la globalización, garantice la soberanía y refuerce la democracia. Solo de esta manera podremos edificar un país competitivo, inclusivo y capaz de afrontar los retos que nos depara el futuro.
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