sábado, febrero 7, 2026

Javier Duarte enfrenta presión judicial mientras FGR frena su libertad anticipada

Javier Duarte acumula señalamientos por retrasos procesales mientras la FGR argumenta falta de buena conducta para bloquear su eventual libertad anticipada

Javier Duarte vuelve a colocarse en el centro de una narrativa judicial intensa, donde cada testimonio, cada aplazamiento y cada movimiento dentro del Reclusorio Norte se transforma en un capítulo más de un proceso que parece no tener un fin cercano, mientras la Fiscalía General de la República sostiene con firmeza que otorgarle la libertad anticipada sería un error histórico.

La audiencia que podría redefinir su futuro inmediato

Desde temprano, los pasillos del Reclusorio Norte se llenaron de voces, documentos, abogados y funcionarios federales. Hoy, la audiencia es crucial. La FGR presentó seis testigos para argumentar que el comportamiento procesal del ex gobernador ha sido un obstáculo constante, un elemento suficiente para negar cualquier beneficio de libertad.

Durante la presentación inicial, el Ministerio Público recordó cómo los aplazamientos se han vuelto un patrón que dificulta el avance del caso. Entre los asistentes, la expectativa era alta; todos saben que cada acto dentro de esta sala puede influir en el futuro de Javier Duarte. Su nombre aparece en la conversación pública como un eco constante que revive viejos episodios del pasado político reciente.

Los testimonios que modifican la narrativa procesal

El momento más esperado llegó cuando Denisse Moreno Córdova, fiscal auxiliar especializada en desapariciones, describió con detalle cómo las dilaciones en el proceso surgieron desde 2021. Ella explicó que aquel año la audiencia inicial no se realizó por seis intentos fallidos que atribuían directamente a Javier Duarte, quien, según ella, siempre encontraba una razón para no presentarse.

Su relato incluía el episodio en el que supuestamente convivió con internos contagiados, lo que generó un nuevo aplazamiento. Después se refirió a sus negativas a participar mediante videoconferencia. La narrativa planteaba una constante: que Javier Duarte aprovechaba cualquier resquicio para retrasar el procedimiento.

Aplazamientos, recusaciones y una defensa que juega al límite

Margen tras margen, testimonio tras testimonio, el expediente de Javier Duarte se fue llenando de fechas reagendadas y maniobras legales. El 12 de noviembre fue otro punto clave cuando el sentenciado se negó a dejar su celda para presentarse. Posteriormente, la audiencia del 16 de febrero se cayó por un amparo. Aunque la defensa argumentaba desconocimiento de algunas notificaciones, la representación ministerial insistía en que los abogados habían sido informados con tiempo suficiente.

Dentro del relato judicial, la figura de Javier Duarte reaparecía una y otra vez como un participante activo en la estrategia de retrasos. Esa insistencia tomó fuerza cuando los fiscales relataron que incluso el día de su imputación en noviembre de 2022, se retiró argumentando malestares físicos. El retorno posterior, llevado en silla y acompañado de personal del reclusorio, fue un episodio que terminó por definir la percepción de la FGR.

La posición de la FGR ante la conducta procesal

De manera directa, Manuel Granados Quiroz tomó la palabra para establecer la postura institucional: los seis intentos frustrados de audiencia eran, en sí mismos, una demostración de que el procesado no mostraba buena conducta. En la sala, el señalamiento tuvo un eco inmediato.

Frente a esto, los jueces, abogados y funcionarios escucharon con atención la argumentación legal sobre la imposibilidad de otorgar beneficios cuando no se cumplen las normas mínimas de colaboración.

Para algunos presentes, la estrategia parecía un reflejo del enfoque federal: preparar el terreno para cerrar la puerta a la libertad anticipada. Y entre esas líneas, la imagen de Javier Duarte volvía a instalarse como un recordatorio de la compleja relación entre justicia, política y memoria social.

Una narrativa que trasciende lo jurídico

Fuera de lo técnico, la audiencia también tiene un matiz emocional. Se trata de un personaje cuya historia está cargada de polémica, decisiones controvertidas y una herencia política que divide opiniones. La figura de Javier Duarte no es únicamente un expediente judicial; es un símbolo de un periodo marcado por escándalos y señalamientos.

Es por ello que cualquier movimiento en su caso despierta discusión. En el país, la percepción pública sobre estos procedimientos se mezcla con las expectativas de justicia. Y en esa combinación, cada aplazamiento se lee como un intento más de burlar un proceso que lleva años avanzando sin consolidar un cierre definitivo.

Las estrategias procesales al límite del tiempo

Mientras la jueza concedía un receso, muchos se preguntaban si la defensa llevaría la estrategia hasta el límite, prolongando el proceso indefinidamente. A lo largo de los años, diversas tácticas han permitido que el caso avance a un ritmo irregular, pero sin quedar detenido por completo.

La audiencia actual, sin embargo, podría convertirse en un punto de inflexión. Por un lado, la FGR presiona para que se reconozca que la actitud de Javier Duarte constituye un impedimento directo para otorgar beneficios penitenciarios. Por otro lado, la defensa sostiene que los argumentos del Ministerio Público se basan en interpretaciones y no en hechos concluyentes.

El entorno del reclusorio y la tensión acumulada

Las horas dentro del Reclusorio Norte transcurren con la misma mezcla de tensión y formalidad que caracteriza los procedimientos de alto perfil. Cada pausa, cada movimiento de la jueza o el ingreso de nuevos funcionarios atrae la mirada de quienes siguen el caso. Hay quienes señalan que el tiempo se ha vuelto un actor silencioso en este proceso.

Los aplazamientos, las reprogramaciones y las condiciones médicas forman parte de un mosaico judicial donde la figura de Javier Duarte vuelve a insertarse repetidamente. Incluso quienes no se encuentran dentro de la sala de audiencias perciben la magnitud de lo que está en juego para los siguientes meses. La decisión sobre la libertad anticipada podría convertirse en el episodio más relevante desde su detención.

Expectativas para la fase final de alegatos

El receso otorgado por la jueza Angela Zamorano Herrera permitió a ambos lados preparar sus alegatos finales. La FGR tendrá la oportunidad de reforzar la idea de que los comportamientos documentados afectan directamente la evaluación de buena conducta. La defensa, en cambio, deberá convencer al tribunal de que cada episodio tiene justificación legal o sanitaria.

En ese punto, las narrativas convergen hacia un mismo centro: definir si el historial reciente de Javier Duarte es suficiente para bloquear cualquier beneficio legal. Mientras se reanudan las actividades, el ambiente está cargado de tensión y atención mediática.

Un caso que se niega a concluir

La historia parece avanzar lentamente hacia un desenlace que todavía no se puede prever. Lo único seguro es que la figura de Javier Duarte permanecerá bajo los reflectores durante los próximos meses.

Lo que ocurra en esta etapa final del proceso marcará un precedente importante sobre la conducta procesal y la interpretación judicial de los beneficios penitenciarios. Lo que sigue, además, será crucial para entender si el sistema judicial busca enviar un mensaje contundente sobre la responsabilidad procesal o si el caso seguirá alineándose con la complejidad histórica que ha acompañado al ex mandatario.

Giovanna Cancino
Giovanna Cancino
Giovanna Cancino es una experimentada profesional de la comunicación, Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Con más de una década de trayectoria en medios impresos y digitales, se ha consolidado como reportera y editora. Su profundo conocimiento se refleja en sus colaboraciones en la sección deportiva 'Sport Judge', así como en las importantes secciones Nacional e Internacional, asegurando una cobertura fiable y relevante para nuestros lectores.
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