La abundancia de agua en Nuevo León no ha traído paz política. Por el contrario, ha avivado la guerra entre el gobierno estatal y la oposición. Mientras el PAN acusa una falta de estrategia real para el futuro, el gobernador Samuel García responde culpando a las administraciones pasadas.
En el complejo tablero político de Nuevo León, el agua se ha convertido en la pieza más codiciada y en un arma de doble filo. La actual situación de presas llenas, lejos de ser un motivo de unidad, ha recrudecido la batalla narrativa entre el gobierno de Samuel García y los partidos de oposición, principalmente el PAN, que utilizan el tema para cuestionar la credibilidad y competencia de la administración estatal.
La Ofensiva de la Oposición: «Improvisación y Falta de Plan»
Para la oposición, la actual bonanza hídrica es un golpe de suerte —cortesía de la naturaleza— que enmascara una peligrosa falta de planeación estratégica. El Partido Acción Nacional (PAN) ha sido la voz más crítica, argumentando que el gobierno estatal no tiene un plan coherente y a largo plazo para garantizar la seguridad hídrica del estado.
Desde la crisis de 2022, los legisladores del PAN han señalado una gestión reactiva, falta de transparencia en la información y una aparente improvisación frente a la sequía. Su discurso se centra en una pregunta clave dirigida al ejecutivo: más allá de las lluvias, ¿cuál es el plan para cuando el agua vuelva a escasear? Exigen que se presenten y ejecuten proyectos de infraestructura y gestión que aseguren el abasto para las futuras generaciones y para el creciente desarrollo industrial del estado.
«Ayer me mandan en redes: ‘primero sin agua y luego sin luz’… Yo aguanto vara, porque se que vamos a arreglar esto y que no es nuestra culpa. Ahí está ‘El Bronco’, ahí está al que le deben de mentar la madre.» – Gobernador Samuel García, deslindando responsabilidad.
La Defensa del Gobierno: «No es Mi Culpa, pero Yo lo Arreglo»
La estrategia de defensa del gobernador Samuel García ha sido consistente y puramente política. Ante las críticas, su respuesta se articula en dos ejes:
Deslindar Responsabilidad: García ha culpado repetidamente a las administraciones anteriores, en particular a la de Jaime Rodríguez Calderón «El Bronco», por la falta de inversión y planeación que condujo a la crisis. También ha señalado la responsabilidad de entidades federales como la CONAGUA en el abasto de agua, distanciándose del origen del problema.
Proyectar Liderazgo Visionario: Al mismo tiempo que culpa al pasado, se posiciona como el líder que sí resolverá el problema de fondo, prometiendo hacer en su sexenio «lo que no se hizo en 25 años». Las presas llenas son presentadas implícitamente como un logro de su gestión, aunque sea por factores climáticos.
Este enfrentamiento convierte la gestión del agua en una guerra de percepciones. La oposición busca sembrar la duda sobre la capacidad del gobierno para manejar crisis y planificar a futuro. El gobernador, por su parte, busca consolidar una imagen de líder transformador que limpia el desorden heredado.
Para los ciudadanos de Nuevo León, que vivieron en carne propia la angustia de la escasez, esta disputa política no es un asunto menor. La confianza en quién tiene la capacidad real de asegurarles el acceso a un recurso tan vital como el agua está en juego, y definirá en gran medida el capital político de los actores involucrados en los próximos años.


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