Generación Z vuelve al centro de la conversación pública. A pocos días de una nueva movilización convocada en la Ciudad de México, el movimiento juvenil que ha marcado el pulso de la protesta social en 2024 se prepara para regresar a las calles en un contexto cargado de tensión política, escrutinio institucional y llamados abiertos a la participación ciudadana.
La marcha, programada para este domingo 14 de diciembre, ha sido bautizada como la “Marcha del Silencio”, una manifestación que busca visibilizar el hartazgo de una generación que creció entre crisis, violencia y polarización política. El lema que acompaña la convocatoria es contundente: “No hay nada que celebrar”.
Un llamado que trasciende a los jóvenes
En las horas previas a la movilización, el expresidente Vicente Fox Quesada difundió un videomensaje en redes sociales en el que exhortó a la ciudadanía —no solo a los jóvenes— a involucrarse activamente en los asuntos públicos del país. Aunque Fox no forma parte del movimiento, su intervención volvió a colocar a la protesta juvenil en el centro del debate nacional.
“El país necesita líderes ciudadanos, no gobernantes desconectados”, afirmó el exmandatario, quien subrayó que México requiere verdad, dignidad y participación social más allá de la propaganda política.
El mensaje fue interpretado por algunos sectores como un respaldo simbólico a la movilización, y por otros como un intento de capitalizar el descontento social. Sin embargo, lo cierto es que la Generación Z vuelve a aparecer como actor político relevante, incluso para figuras históricas del poder.
¿Por qué la Generación Z vuelve a marchar?
La nueva movilización ocurre apenas un mes después de los hechos violentos registrados el 15 de noviembre, cuando una protesta similar en el Centro Histórico terminó con 100 policías y 20 civiles heridos, además de daños a inmuebles públicos y privados.
Lejos de disolverse tras esos eventos, el movimiento se reorganizó. Colectivos estudiantiles, universitarios y ciudadanos independientes replantearon su estrategia y optaron por una marcha pacífica, silenciosa y simbólica, en contraste con la narrativa de violencia que marcó las concentraciones anteriores.
Para muchos jóvenes, la protesta no es solo contra un gobierno específico, sino contra un sistema político que perciben como lejano, opaco y poco receptivo a las demandas sociales.
Generación Z vuelve al espacio público bajo vigilancia institucional
La reaparición del movimiento no pasa desapercibida para las autoridades. Tras los disturbios de noviembre, el Congreso de la Ciudad de México aprobó la creación de una Comisión Especial de Seguimiento, encargada de investigar los hechos violentos, el operativo policial, la posible infiltración de grupos de choque y las responsabilidades políticas.
Legisladores de Morena han señalado a actores de oposición, lo que ha intensificado el enfrentamiento político y ha elevado la presión sobre la nueva marcha. La comisión deberá conducir su investigación bajo principios de legalidad, imparcialidad y respeto a los derechos humanos, aunque sectores juveniles temen que el escrutinio derive en criminalización de la protesta.
Ruta, horarios y simbolismo de la marcha
En la Ciudad de México, la movilización iniciará a las 10:30 horas, con salida oficial a las 11:00 horas desde el Ángel de la Independencia rumbo al Zócalo capitalino. La ruta incluye Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, Eje Central y Avenida 5 de Mayo.
También se habilitaron puntos de integración tardía, como el Monumento a Cuitláhuac y la Fuente de la República, con el objetivo de facilitar una participación amplia y ordenada.
El silencio, aseguran los organizadores, no es pasividad, sino una forma de protesta que busca incomodar desde la ausencia de consignas y el peso del simbolismo colectivo.
Una generación que redefine la protesta
La Generación Z vuelve no solo a marchar, sino a redefinir las formas de participación política. A diferencia de movilizaciones tradicionales, este movimiento se articula principalmente en redes sociales, se organiza de manera horizontal y desconfía de liderazgos únicos.
Sus demandas no siempre se concentran en una agenda específica, pero convergen en reclamos de justicia, seguridad, transparencia y oportunidades. Para analistas, esta ambigüedad es a la vez su mayor fortaleza y su principal desafío.
El mensaje de fondo
Más allá de la marcha, el mensaje es claro: una parte significativa de la juventud mexicana se niega a permanecer al margen. La protesta, el silencio y la organización digital son sus herramientas para irrumpir en un espacio público que sienten ajeno.
Al final, Generación Z vuelve porque considera que no hay alternativa: involucrarse es, para ellos, la única forma de no resignarse. Y mientras el país debate si se trata de un movimiento espontáneo o de un fenómeno político duradero, los jóvenes ya han tomado una decisión: seguir presentes.


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