El sargazo no solo arruina las playas del Caribe Mexicano. Al descomponerse, libera gases tóxicos que pueden causar problemas respiratorios. Esta es la historia de la crisis invisible y de las personas, especialmente mujeres, que la enfrentan cada día.
La imagen del sargazo acumulado en las costas de Quintana Roo se ha vuelto una postal tristemente familiar. Para los turistas, es una molestia que tiñe de marrón el azul turquesa del mar. Para la economía local, una amenaza constante. Pero detrás de este problema visible se esconde un peligro mucho más insidioso: una crisis de salud pública provocada por los gases tóxicos que emanan del alga en descomposición.
Una Marea Récord: ¿Por Qué Hay Más Sargazo que Nunca?
La magnitud del problema ha alcanzado niveles sin precedentes. El sistema de monitoreo Sargassum Watch System (SaWS) ha detectado una masa de sargazo en el Océano Atlántico que alcanza los 31 millones de toneladas métricas. En el mar Caribe, la cantidad de esta macroalga se incrementó en un 150% en comparación con los promedios históricos, anticipando recales masivos en las costas mexicanas.
Este fenómeno explosivo no es natural. Es impulsado por una combinación de factores humanos:
* El cambio climático: El aumento de la temperatura del océano crea condiciones ideales para su proliferación.
* Contaminación por nutrientes: El vertido de fertilizantes y aguas residuales en los grandes ríos, como el Amazonas, actúa como un superalimento para el sargazo en mar abierto.
* Cambios en las corrientes oceánicas: Alteraciones en los patrones de vientos y corrientes facilitan su llegada masiva al Caribe.
El Peligro que No se Ve: Los Gases Tóxicos del Sargazo
Cuando el sargazo se acumula en la orilla y comienza a pudrirse bajo el sol, inicia un proceso de descomposición que libera una mezcla de gases nocivos. Los principales son el ácido sulfhídrico, responsable del característico olor a huevo podrido, y el amoníaco.
La exposición prolongada a estos gases, incluso en concentraciones bajas, puede causar problemas de salud significativos, especialmente para los trabajadores que lo limpian y los residentes de las zonas costeras. Los síntomas incluyen irritación de ojos, nariz y garganta, y dificultades respiratorias. Esto transforma el problema del sargazo de una cuestión estética y turística a una seria amenaza para la salud pública local.
«El olor, los primeros meses es insoportable. En mi caso solo es vencer el miedo.» – Monserrat Meléndez, brigadista de limpieza de sargazo en Playa del Carmen.
Las Heroínas del Sargazo: Mujeres que Luchan y Emprenden
En la primera línea de esta batalla se encuentran cientos de brigadistas, muchos de ellos mujeres, que trabajan incansablemente bajo el sol para retirar toneladas de algas. Pero más allá de la limpieza, ha surgido un movimiento de mujeres emprendedoras que ven en esta plaga una oportunidad para innovar y crear soluciones.
* Victoria Morfín (Sargánico): Siendo apenas una adolescente de Cozumel, Victoria vio en el sargazo una materia prima. Fundó Sargánico, una empresa que transforma el alga en papel y libretas artesanales. Su iniciativa no solo ayuda a limpiar las playas, sino que también promueve la economía circular al utilizar papel reciclado en sus productos, dándole una segunda vida a los residuos.
* Norma Martínez (Alquimar): Esta joven emprendedora y su equipo fundaron en Quintana Roo la primera planta con patentes registradas para procesar el sargazo a nivel industrial. Su trabajo, respaldado por investigación científica, busca dar una solución integral y escalable al problema, transformando el alga en diversos productos, incluyendo biofertilizantes.
Estas mujeres, junto con otros innovadores locales que fabrican desde zapatos hasta bloques de construcción con el alga, están redefiniendo la narrativa del sargazo. Demuestran que con ingenio y resiliencia, la peor crisis ambiental del Caribe Mexicano puede convertirse en un motor de desarrollo sostenible y empoderamiento comunitario.
El sargazo es más que una simple alga; es un síntoma de un planeta enfermo y una amenaza directa para las comunidades costeras. Sin embargo, las historias de quienes lo combaten y lo transforman ofrecen un poderoso mensaje de esperanza.


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