En abril de 2010, el periodista Julio Scherer García realizó una de las entrevistas más arriesgadas de su carrera al líder del Cártel de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada. La entrevista, publicada en la revista Proceso, no solo reveló detalles inéditos sobre el capo, sino también el temple y compromiso de Scherer con el periodismo.
Sin embargo, una pregunta específica incomodó tanto al narcotraficante que decidió dar por terminada la conversación antes de lo esperado.
El arriesgado trayecto hacia “El Mayo”
Para lograr el encuentro, Scherer tuvo que atravesar un operativo marcado por el secretismo. Según narró en su crónica, fue transportado en cuatro vehículos distintos y luego obligado a caminar por las montañas para evitar ser detectado. Finalmente, llegó a un refugio rústico custodiado por hombres armados.
Al encontrarse con Zambada, el periodista lo saludó con naturalidad, marcando el inicio de una conversación que, aunque breve, resultó reveladora.
El momento incómodo: ¿Qué molestó a “El Mayo”?
De acuerdo con Luis Chaparro, periodista y podcaster, la incomodidad surgió cuando Scherer preguntó sobre el paradero de Joaquín “El Chapo” Guzmán, compadre y aliado de Zambada. La pregunta pareció desviar la atención de Zambada, quien esperaba que el foco estuviera en él.
“El Mayo” respondió cortésmente pero puso fin a la entrevista, dejando entrever su molestia. Según Chaparro, el capo incluso cuestionó a Scherer si realmente quería conocer a “El Chapo”, a lo que el periodista respondió con diplomacia.
Reflexiones de “El Mayo” sobre su vida y el narcotráfico
A pesar del abrupto final, la entrevista ofreció un vistazo único a la vida personal y filosófica de Zambada. El líder habló de su familia, sus ranchos y su conexión con la naturaleza, describiéndola como su refugio y protección.
También expresó su temor a ser capturado y su visión sobre el narcotráfico como un problema estructural imposible de erradicar únicamente con la captura de líderes.
La foto que selló el momento
Antes de despedirse, “El Mayo” permitió que se tomara una foto junto a Scherer, un gesto poco común que quedó como prueba del histórico encuentro. En la imagen, publicada en Proceso, ambos aparecen relajados, aunque el trasfondo de tensión no deja de ser evidente.
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