Las personas ya no quieren esperar largos procesos legislativos ni negociaciones entre poderes. Exigen soluciones inmediatas, y por ello apoyan gobiernos que eliminan contrapesos y gobiernan por decreto.
Esto no solo ocurre en México, sino en el mundo entero. Donald Trump impone sanciones comerciales a países en días. Gustavo Petro en Colombia se ve obligado a ceder ante la presión de Estados Unidos. Las reglas del juego han cambiado.
El problema ya no es el riesgo a las libertades. Lo preocupante es que la gente aplaude el avance del autoritarismo.
El poder sin límites: ¿por qué la gente lo apoya?
Los líderes autoritarios crecen porque ofrecen algo que la democracia ya no da: certeza e inmediatez.
Las razones detrás de este fenómeno son claras:
Frustración con la burocracia. Procesos largos y costosos han agotado la paciencia de los ciudadanos.
Falta de resultados. Los problemas estructurales persisten sin solución.
Polarización extrema. La política se ha convertido en un choque entre extremos, sin espacio para el diálogo.
Los ciudadanos prefieren confiar en líderes fuertes, aunque eso signifique debilitar los contrapesos institucionales.
El fin de la moderación: la lucha ideológica extrema
Los equilibrios democráticos no solo han sido debilitados por los gobiernos, sino también por la propia sociedad.
El debate público está dominado por posturas inflexibles:
Movimientos de izquierda radical: Exigen cambios inmediatos y tachan de traidores a quienes buscan negociar.
Movimientos de derecha ultraconservadora: Promueven la idea de que solo un gobierno fuerte puede restaurar el orden.
Mientras la izquierda se consume en su propia lucha interna, la derecha ofrece un camino más sencillo: la imposición de un solo discurso, sin cuestionamientos.
México y el riesgo de la centralización del poder
En México, el proceso ha sido evidente.
Se dijo que no desaparecerían los órganos autónomos, y sucedió.
Se afirmó que el poder judicial no sería limitado, y ocurrió.
Se prometió que no habría concentración del poder en la presidencia, y hoy gobierna sin restricciones.
El riesgo no es solo que un presidente acumule poder. El verdadero peligro es que la sociedad lo permite.
El poder de Estados Unidos: la política sin reglas
El mundo ya está viendo las consecuencias de un gobierno sin contrapesos.
Donald Trump impone sanciones económicas sin necesidad del Congreso.
Colombia sufre un golpe comercial con aranceles del 25% al 50% en días.
México siente la presión de Washington en cada decisión económica.
Un simple discurso en Davos sobre la «cooperación con México» bastó para que el peso se apreciara. Una sola declaración cambia el destino de un país.
Esto demuestra el poder absoluto de algunos líderes en el escenario global.
Generación Alfa: una nueva mentalidad política
Mientras los analistas siguen debatiendo sobre los riesgos del autoritarismo, una nueva generación ya lo ha normalizado.
La Generación Alfa (nacidos después de 2010) no ve la democracia como esencial.
Consideran el absolutismo más eficiente que los sistemas tradicionales.
La República es, para ellos, un concepto anticuado y poco práctico.
Si esta tendencia continúa, el futuro de los contrapesos democráticos no solo está en peligro. Está destinado a desaparecer.
Conclusión: ¿se puede detener el colapso de la democracia?
La política mundial ha cambiado.
El poder ya no está en los congresos ni en las instituciones. Está en la voluntad de líderes sin restricciones, respaldados por sociedades que prefieren certezas inmediatas antes que procesos largos.
Si los contrapesos siguen debilitándose, la pregunta no es si el autoritarismo llegará a México y otras democracias, sino cuándo.
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