martes, febrero 17, 2026

Comerciantes enfrentan un escenario inminente en el Zócalo

Comerciantes viven una jornada marcada por vallas, marchas y temor económico mientras el Zócalo se transforma por completo

Comerciantes narran el amanecer blindado del Zócalo

Comerciantes vieron cómo el amanecer sorprendía a todos cuando el Zócalo despertó cubierto de vallas metálicas que cercaban edificios, portales y joyerías. Ese paisaje inesperado marcó el inicio de una jornada que prometía tensión, incertidumbre y desafíos.

Por ello, personas de diversos giros se prepararon para un día que no sabían si sería rentable, seguro o simplemente posible. La atmósfera se llenaba de preguntas mientras turistas, trabajadores y habitantes caminaban con cautela entre estructuras metálicas de más de tres metros de altura.

Los comerciantes del Centro Histórico ya intuían un fuerte golpe económico. Las marchas del 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, convocaban a miles de mujeres y colectivos, y aunque la causa es legítima y necesaria, también generaba una preocupación concreta: la caída en ventas. ConComercioPequeño advirtió que los comerciantes podían perder hasta el 60% de ingresos frente al temor de consumidores que evitaban llegar al primer cuadro de la ciudad.

Gerardo Cleto López, representante del sector, explicó que muchos consumidores creen que los establecimientos están cerrados. Comerciantes afirmaron que esta percepción suele multiplicarse cuando las vallas se instalan, creando un muro psicológico similar al metálico. Para ellos, ese miedo se traduce en cajas vacías, inventarios inmóviles y una sensación de vulnerabilidad ante factores que no pueden controlar.

Zócalo blindado: cómo cambió la movilidad en cuestión de horas

Las vallas modificaron por completo la circulación. Visitantes que buscaban entrar a la Catedral Metropolitana encontraron trayectos más estrechos, y comerciantes notaron que los flujos de personas se volvían erráticos. Lo que un día antes era un corredor fluido se convirtió en un laberinto improvisado. Turistas preguntaban si podían pasar; ciudadanos miraban alrededor sin claridad; comerciantes evaluaban cada minuto la posibilidad de abrir o cerrar sus negocios según cómo se moviera la multitud.

Además, la protección se extendió a Palacio Nacional, la Suprema Corte, el corredor de Madero, los hoteles de los arcos y zonas emblemáticas como Parque Alameda, Bellas Artes y el Museo Memoria y Tolerancia. Comerciantes observaron con mezcla de resignación y esperanza cómo el paisaje urbano se transformaba en una fortaleza, esperando que, al menos, la seguridad valiera la pena.

El impacto emocional y económico en los pequeños negocios

Para muchos comerciantes la preocupación no es solo el presente, sino la acumulación histórica. Las manifestaciones recientes han dejado experiencias de vandalismo y robo en algunos establecimientos. Comerciantes mayores recuerdan cómo el 2 de octubre o el pasado 15 de noviembre fueron fechas complicadas. Por eso, aunque apoyan el derecho a la protesta, muchos temen ser víctimas colaterales.

Los comerciantes saben que una jornada perdida afecta más que las estadísticas. Significa no pagar proveedores, retrasar servicios, o incluso comprometer empleos familiares. Cada cortina levantada con cautela es un acto de fe económica. Comerciantes jóvenes y veteranos coinciden: el problema no es la protesta, sino la combinación de desinformación, miedo de los consumidores y una logística urbana que suele dejarlos invisibles.

Una ciudad dividida entre protesta y supervivencia económica

En los muros improvisados, colectivos feministas escribieron mensajes de resistencia. Para muchos, esos mensajes son parte esencial de la lucha contra la violencia de género. Comerciantes que han escuchado estas consignas durante años saben que la desigualdad y el dolor que impulsan esta marcha no son imaginarios. Sin embargo, también cargan con su propia fragilidad económica.

Es una ciudad que funciona con capas superpuestas de emociones: indignación social, exigencia de justicia, necesidad económica, miedo, solidaridad y agotamiento. Comerciantes viven entre esas capas cada vez que una marcha toma el centro.

La tensión silenciosa del mediodía

Conforme avanzaba el día, algunos comercios decidieron bajar cortinas temporalmente, mientras otros se mantuvieron abiertos con personal reducido. Comerciantes explican que trabajar así es una apuesta: si la marcha avanza en calma, pueden recuperar algo; si se desborda, arriesgan patrimonio y seguridad.

El sonido de las vallas vibrando al ser empujadas por el viento se mezclaba con el murmullo de turistas confundidos, policías atentos y comerciantes calculando escenarios. El sol del mediodía iluminó un Zócalo irreconocible.

¿Qué queda para el final del día?

Cuando las marchas entren en su momento más fuerte, los comerciantes sabrán si esta jornada significó una pérdida, un equilibrio o una pequeña victoria. Es la realidad de un sector que sostiene gran parte de la vida del Centro Histórico, aunque pocas veces aparece en las narrativas oficiales.

Comerciantes mantienen la esperanza de que la seguridad sea suficiente, que no haya incidentes y que, pese al blindaje, la ciudad siga respirando. El día termina como empezó: con incertidumbre, con tensión y con historias que seguirán acumulándose en los pasillos del comercio pequeño.

Giovanna Cancino
Giovanna Cancino
Giovanna Cancino es una experimentada profesional de la comunicación, Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación. Con más de una década de trayectoria en medios impresos y digitales, se ha consolidado como reportera y editora. Su profundo conocimiento se refleja en sus colaboraciones en la sección deportiva 'Sport Judge', así como en las importantes secciones Nacional e Internacional, asegurando una cobertura fiable y relevante para nuestros lectores.
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