Martha Collí Brito aprendió de su madre a urdir hamacas, un oficio que forma parte de una tradición familiar y que con los años se convirtió también en una fuente de ingresos. Tras enviudar, la habitante de Teya dedicó más tiempo a esta actividad para sostener su economía.
La falta de recursos para adquirir materiales limitaba su producción, hasta que recibió hilos y un bastidor mediante el Programa de Apoyo a la Mujer Rural y Grupos Vulnerables, operado por la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder).
Con las nuevas herramientas, la artesana de 59 años retomó la elaboración de hamacas y continuó generando ingresos a partir del conocimiento que heredó de su madre. Cada pieza tiene un precio promedio de mil 200 pesos y parte de las ganancias las destina a la compra de nuevos materiales.
Genera ingresos para la familias de artesanas
Collí Brito señaló que es la primera vez que recibe este tipo de apoyo y que anteriormente tenía dificultades para comprar los hilos necesarios para elaborar sus piezas. Explicó que ahora puede mantener la producción, comercializar las hamacas y contar con un ingreso adicional.
La artesana también destacó que existe demanda por sus productos, pues algunas personas que adquieren sus hamacas posteriormente solicitan nuevas piezas. Indicó que esta respuesta la motiva a continuar con el oficio y mantener los diseños que aprendió dentro de su familia.
Trabajo de artesanas, sustento de miles de familias
Su actividad forma parte de los trabajos artesanales que se mantienen en comunidades rurales de Yucatán, donde los conocimientos transmitidos entre generaciones representan una alternativa para obtener ingresos y dar continuidad a oficios tradicionales.
De acuerdo con la Seder, el Programa de Apoyo a la Mujer Rural y Grupos Vulnerables respalda a mujeres de comunidades rurales y personas en situación de vulnerabilidad que desarrollan actividades productivas. A través de este esquema, dos mil 14 mujeres artesanas han recibido equipo y maquinaria para fortalecer sus labores.


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