La historia del arte está llena de figuras enigmáticas, pero pocas tan fascinantes como Alan Glass. Nacido en Montreal y reconocido como un «portero frágil y simpático» del Club Saint Germain en París, su vida cambió para siempre tras sumergirse en el movimiento surrealista bajo la tutela de André Breton y Benjamin Péret.
Sin embargo, su conexión con México, el «país surrealista» como lo describiera Breton, le permitió encontrar un refugio creativo donde lo ordinario se transformaba en poesía visual.
El arte de lo cotidiano: Zurcidos invisibles y colecciones extraordinarias
Alan Glass no solo pintaba o dibujaba; coleccionaba historias en forma de objetos. En su casa de la colonia Roma —antes de que esta se convirtiera en un epicentro de modernidad boutique—, acumuló jabones, muñecas, mapas, bisutería e incluso insectos disecados. Cada pieza, por común que pareciera, era rescatada del anonimato para convertirse en arte.
Su capacidad de reunir estos objetos y ensamblarlos en un «orden caótico» es una muestra de su filosofía artística: darle voz a lo insignificante y hacer visibles las conexiones invisibles.
Una exposición que revive su legado en el Palacio de Bellas Artes
En el segundo piso del Palacio de Bellas Artes, se exhibe una selección cuidadosamente curada de la obra de Alan Glass. Esta muestra incluye:
- Dibujos que mezclan paisajes oníricos y figuras humanas en siluetas casi etéreas.
- Ensamblajes que parecen pequeñas ventanas a universos paralelos.
- Pinturas esbozadas que invitan a la interpretación personal y libre.
Esta exposición no solo celebra su talento, sino que invita al espectador a reinterpretar la realidad desde los ojos de un artista que encontró belleza donde nadie más la veía.
Tufic Makhlouf Akl y los retratos cinematográficos de Alan Glass
El cineasta Tufic Makhlouf Akl logró capturar la esencia de Glass a través de documentales como Zurcidos invisibles y El gabinete surrealista de Alan Glass. Estas piezas ofrecen una visión íntima de su vida y proceso creativo, combinando entrevistas, recreaciones y exploraciones de su arte.
Estos documentales son una puerta de entrada perfecta para quienes desean comprender cómo un simple jabón o una piedra podían convertirse en piezas centrales de un universo lleno de significado.
¿Qué podemos aprender de Alan Glass?
Glass nos enseña que el arte no siempre está en los grandes gestos, sino en las pequeñas conexiones. Su obra es un recordatorio de que la creatividad puede encontrarse en lo cotidiano, en los objetos olvidados y en las sombras que pasamos por alto.
La eternidad de lo efímero
Alan Glass fue más que un surrealista; fue un alquimista de lo cotidiano. Su capacidad de transformar lo banal en extraordinario sigue siendo una lección para artistas y soñadores por igual. La exposición en el Palacio de Bellas Artes es una invitación a redescubrir el mundo con nuevos ojos, a buscar belleza en lo inesperado y a celebrar las pequeñas maravillas de la vida.
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