Durante años, los teléfonos inteligentes y las redes sociales fueron vistos como herramientas que acercaban a las personas, facilitaban el aprendizaje y ampliaban las oportunidades de comunicación. Sin embargo, cada vez son más las investigaciones que advierten sobre los efectos negativos que estas plataformas pueden tener en niñas, niños y adolescentes.
En México, el tema llegó al centro del debate público luego de que el Gobierno federal iniciara hace un par de semanas una discusión nacional sobre cómo proteger a los menores de edad frente a los riesgos del entorno digital.
La conversación fue impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum y sigue reuniendo a especialistas internacionales como el psicólogo Jonathan Haidt y el ingeniero mexicano Arturo Béjar, ambos reconocidos por sus investigaciones sobre el funcionamiento de las redes sociales y sus efectos en la salud mental de los jóvenes.
La intención, explicó el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, es analizar el diseño de estas plataformas y abrir un diálogo con familias, docentes y especialistas para encontrar soluciones.
“No nos hemos preguntado sobre el diseño de las plataformas digitales”, señaló Mario Delgado. Explicó que mecanismos como el scroll infinito, las notificaciones constantes, la reproducción automática de videos y los algoritmos de recomendación están diseñados para captar la atención del usuario durante el mayor tiempo posible. El problema, dijo, es que quienes quedan más expuestos a estos mecanismos son los niños y los adolescentes.
Infancia basada en el teléfono
Jonathan Haidt, profesor de Psicología de la Universidad de Nueva York y autor del libro “La generación ansiosa”, sostuvo que entre 2010 y 2015 ocurrió un cambio profundo en la vida de millones de menores en todo el mundo. La infancia basada en el juego al aire libre fue sustituida por una infancia centrada en las pantallas.
“Pensábamos que nuestros hijos eran nativos digitales y que eso los haría más inteligentes, pero estábamos equivocados”, afirmó. Según el investigador, la evidencia científica muestra una relación entre el uso intensivo de redes sociales y problemas como depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, adicción, disminución de la capacidad de atención, bajo rendimiento escolar y mayores riesgos de acoso sexual en línea.
Para Haidt, el problema no radica únicamente en el tiempo que los menores pasan frente a una pantalla, sino en la forma en que las plataformas fueron diseñadas. Explicó que las empresas utilizan inteligencia artificial para mantener a cada usuario conectado el mayor tiempo posible porque su modelo de negocio depende de captar y vender la atención de las personas.
Medidas aplicadas en otros países
Frente a este escenario, Haidt propuso dos acciones concretas para México. La primera consiste en prohibir el uso de teléfonos inteligentes durante toda la jornada escolar, no solamente dentro del salón de clases.
“Las escuelas libres de teléfonos representan una medida sencilla, económica y eficaz”, afirmó. Agregó que actualmente 25 estados de Estados Unidos ya aplican restricciones de este tipo y que los resultados han sido positivos tanto en el ambiente escolar como en el aprendizaje y la convivencia entre los estudiantes.
La segunda propuesta consiste en elevar a 16 años la edad mínima para abrir cuentas en redes sociales. Desde su perspectiva, estas plataformas exponen a los menores a conversaciones con desconocidos, pornografía, venta de drogas y otros contenidos para los que no están preparados.
“Las redes sociales son totalmente inapropiadas para los niños”, afirmó el especialista, quien invitó al Gobierno mexicano a proteger a los menores “contra productos diseñados para crear adicción”.
Australia abrió el camino
Uno de los ejemplos que Johathan Haidt destacó fue Australia, país que aprobó medidas para limitar el acceso de menores de 16 años a las redes sociales mediante sistemas de verificación de edad.
El investigador reconoció que la reducción inicial del uso fue cercana al 30 por ciento, pero consideró que lograr un cambio de esa magnitud en pocos meses representa un avance importante. Además, aseguró que hoy existen tecnologías de verificación que permiten proteger la privacidad de los usuarios mientras se comprueba su edad.
También mencionó el caso de Indonesia, donde el enfoque regulatorio se ha concentrado en limitar determinadas funciones consideradas inadecuadas para menores, como el contacto con personas desconocidas, en lugar de prohibir contenidos específicos. Desde su punto de vista, regular el diseño de las plataformas resulta más efectivo que intentar controlar todo lo que circula en internet.
EL DISEÑO DE LAS REDES DETRÁS DE LA ADICCIÓN
El ingeniero mexicano Arturo Béjar conoce el funcionamiento interno de estas plataformas. Durante años trabajó en Meta y encabezó equipos dedicados a la seguridad y bienestar de los usuarios.
Explicó que las redes sociales actuales combinan al menos seis elementos diseñados para mantener cautiva la atención de las personas: el scroll infinito, la reproducción automática de videos, algoritmos que aprenden los gustos del usuario, notificaciones constantes, sistemas de popularidad basados en “me gusta” y la presión social por permanecer conectado.
“Todo está diseñado para capturar, exprimir y vender nuestra atención”, afirmó durante su exposición.
Para respaldar sus afirmaciones, Béjar presentó resultados de un estudio interno realizado cuando trabajaba en Meta, en el que participaron alrededor de 240 mil usuarios. Los datos mostraron que, en apenas una semana, uno de cada cinco adolescentes recibió contenido que afectó negativamente la percepción de su cuerpo; uno de cada ocho sufrió acoso sexual y uno de cada once estuvo expuesto a publicaciones relacionadas con suicidio o autolesiones. Más del 90 por ciento de esos daños provinieron de personas desconocidas.
El especialista aseguró que estos problemas no son accidentes, sino consecuencias del diseño de las plataformas. Los algoritmos, explicó, detectan qué tipo de contenido mantiene más tiempo la atención del usuario y comienzan a ofrecer publicaciones similares de manera constante. En algunos casos, basta con detenerse unos segundos frente a un video relacionado con la delgadez extrema para que la plataforma empiece a recomendar contenido cada vez más extremo sobre dietas, pérdida de peso o trastornos alimenticios.
“Todo el producto está diseñado para capturar, exprimir y vender nuestra atención”, afirmó Béjar. Añadió que ninguna madre o padre entregaría voluntariamente a sus hijos un producto construido para fomentar el uso compulsivo o para facilitar el contacto permanente con desconocidos.
¿DE QUIÉN ES LA RESPONSABILIDAD?
Uno de los puntos centrales del debate gira en torno a quién debe proteger a los menores. Durante años, las empresas tecnológicas han sostenido que corresponde a las familias supervisar el uso que hacen los adolescentes de las redes sociales. Sin embargo, tanto el psicólogo Jonathan Haidt como el ingeniero Arturo Béjar consideran que esa visión resulta insuficiente.
Béjar comparó esta situación con la seguridad de los juguetes o de los automóviles. “Cuando uno compra un juguete para un niño, tiene la confianza de que es seguro. Cuando uno compra un coche para un adolescente, el diseño del coche no es responsabilidad de los padres”, explicó.
A su juicio, si una empresa conoce los riesgos de su producto y aun así mantiene características que favorecen la adicción, corresponde al Estado establecer reglas que protejan a la población más vulnerable.
El secretario de Educación, Mario Delgado, coincidió en que las familias enfrentan una relación desigual frente a compañías que cuentan con enormes cantidades de datos, inteligencia artificial y equipos especializados para diseñar plataformas capaces de mantener cautivos a millones de usuarios. Por ello, sostuvo que el tema debe abordarse como un asunto de salud pública y no únicamente como una decisión individual de cada hogar.
UN DEBATE QUE APENAS COMIENZA EN MÉXICO
La presidenta Claudia Sheinbaum explicó que el propósito de abrir esta discusión nacional es escuchar a expertos, maestros, madres, padres de familia y jóvenes antes de definir el camino que seguirá México.
“Estamos dedicando estos espacios para que conozcan este problema y se discuta qué hacer en México para proteger a las y los adolescentes de esta adicción que provocan las redes sociales y las plataformas”, expresó.
El planteamiento, afirmó, no busca eliminar la tecnología de la vida cotidiana, pues los teléfonos inteligentes y las redes sociales ofrecen beneficios importantes cuando se utilizan de manera responsable. Lo que se cuestiona es un modelo de negocio basado en prolongar el tiempo de permanencia de los usuarios mediante funciones diseñadas para generar dependencia.
En los últimos años, distintos gobiernos han comenzado a restringir el uso de teléfonos móviles en las escuelas, mientras que otros analizan elevar la edad mínima para acceder a redes sociales o exigir mecanismos de verificación de identidad más estrictos. El objetivo consiste en retrasar el contacto de niñas y niños con plataformas que fueron concebidas para un público adulto y cuyo funcionamiento puede influir en su desarrollo emocional, social y académico.


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