En medio de un clima político y militar tenso, Donald Trump enfrenta dos desafíos decisivos para mantener viva la tregua en Gaza: asegurar el cumplimiento del cese del fuego y lograr que Hamas entregue sus armas. Desde Washington, el exmandatario busca proyectar su liderazgo global, pero la realidad en el terreno amenaza con descarrilar su plan.
Hamas, aún atrincherado en zonas del sur de la Franja, utiliza su red de túneles y células armadas para mantener el control en áreas clave. A pesar de los acuerdos firmados, los enfrentamientos con las fuerzas israelíes continúan, debilitando el frágil alto al fuego.
La Fuerza Internacional de Estabilización: una apuesta ambiciosa
Trump impulsó la creación de una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF), concebida para mantener el orden y entrenar a fuerzas locales en Gaza. El plan busca consolidar la paz y abrir la puerta a la reconstrucción, con participación de socios árabes y el respaldo estadounidense.
Sin embargo, el despliegue de esta fuerza enfrenta obstáculos. Hamas exige limitar su presencia a las fronteras, mientras Israel desconfía de que ciertos países aliados tengan un papel activo. La diplomacia avanza con lentitud, mientras las tensiones crecen sobre el terreno.
El desarme de Hamas, una condición imposible
El segundo gran reto para Trump es el desarme completo de Hamas. Sin ese paso, ninguna tregua será duradera. La organización mantiene arsenales ocultos, túneles activos y estructuras de poder que impiden un control total del territorio.
La falta de avances en la entrega de armas compromete la estabilidad y frena la llegada de ayuda internacional. Las inversiones públicas y privadas dependen de un entorno seguro, y mientras las armas sigan circulando, la reconstrucción de Gaza será un sueño lejano.
La tensión entre aliados y enemigos
Israel, por su parte, defiende una postura firme: no acepta que países críticos de su ofensiva, como Turquía, participen en la fuerza internacional. Del otro lado, Hamas insiste en conservar su autonomía y desafía los acuerdos alcanzados por los mediadores.
Trump intenta equilibrar los intereses de todas las partes, pero cada reunión diplomática revela lo mismo: sin concesiones, la paz en Gaza es insostenible.
El riesgo de una tregua frágil
El avance de Hezbollah en el norte y el contrabando de armas desde Siria añaden más presión al conflicto. Si se reactiva la violencia en varias frentes, la tregua podría colapsar en cuestión de días.
Para Trump, consolidar la ISF y lograr el desarme son metas interdependientes: una no sobrevivirá sin la otra. Si fracasa en estabilizar Gaza, su imagen como mediador internacional también sufrirá un duro golpe.


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