La tensión global alcanza su punto álgido. Mientras el presidente Donald Trump lanza un ultimátum de 14 días a Irán, diplomáticos europeos en Ginebra luchan desesperadamente por evitar una guerra total que podría incendiar Medio Oriente y el mundo.
El mundo se encuentra en un precipicio diplomático. En una declaración que ha puesto en vilo a las cancillerías globales, el presidente de Estados Unidos ha establecido un plazo de 14 días para que Irán detenga su escalada militar, o de lo contrario, Washington considerará unirse a la ofensiva israelí. Este ultimátum se produce en medio de una frenética actividad diplomática en Europa, donde Francia, Alemania y el Reino Unido intentan forjar una salida negociada en Ginebra, creando dos frentes de presión diametralmente opuestos sobre Teherán.
La postura de Washington es de una dureza sin precedentes. Trump, quien abandonó anticipadamente la cumbre del G7 para gestionar la crisis, ha sido explícito: «No estoy buscando un alto el fuego. Estamos buscando algo mejor». En mensajes directos al Líder Supremo iraní, el Ayatolá Ali Khamenei, ha exigido una «rendición incondicional» y ha advertido que Estados Unidos conoce su ubicación exacta. Esta retórica beligerante se ve respaldada por movimientos militares, como el reposicionamiento del portaaviones USS Nimitz hacia la zona de operaciones del CENTCOM, previsto para llegar el 22 de junio.
Ginebra: La Última Esperanza de la Diplomacia Europea
En marcado contraste con la postura estadounidense, las potencias europeas (el E3: Francia, Alemania y Reino Unido) apuestan por el diálogo como única vía para evitar la catástrofe. Los ministros de exteriores del E3 se reunieron este viernes en Ginebra con su homólogo iraní, Abbas Araghchi, en las primeras conversaciones cara a cara desde el inicio del conflicto.
La posición europea, aunque diplomática, no es blanda. Exigen que Irán tome «medidas verificables y que generen confianza», principalmente demostrando que no busca un arma nuclear. Sin embargo, su enfoque choca con la realidad en el terreno y las condiciones de Teherán.
«Irán está dispuesto a considerar la diplomacia si cesa la agresión y el agresor es considerado responsable de los crímenes cometidos.» – Abbas Araghchi, Ministro de Exteriores de Irán.
Esta declaración deja claro el abismo que separa a las partes. Irán considera «injustificables» las conversaciones nucleares mientras continúan los ataques israelíes y ha acusado a EE.UU. de estar involucrado en la ofensiva «desde el principio», una acusación que Washington niega.
La ONU: Un Escenario de Acusaciones Cruzadas
El Consejo de Seguridad de la ONU se ha convertido en otro campo de batalla, esta vez verbal. En una tensa sesión de emergencia, los diplomáticos de Israel e Irán intercambiaron duras acusaciones.
- La postura de Israel: El enviado israelí, Danny Danon, fue tajante, afirmando que su país no detendrá los ataques «hasta que la amenaza nuclear de Irán sea desmantelada».
- La postura de EE.UU.: La representante estadounidense, Dorothy Shea, respaldó a Israel, calificando a Irán como «la principal fuente de inestabilidad y terror en Medio Oriente» y reafirmando el derecho de Israel a defenderse. Dejó claro que aunque EE.UU. no participó en los ataques, «apoya las acciones de Israel contra las ambiciones nucleares de Irán».
- La postura de Irán: El representante iraní acusó a Israel de agresión y defendió el derecho de su país a la autodefensa, advirtiendo que una implicación directa de EE.UU. sería «muy peligrosa para todos».
Actores Regionales: El Miedo a un Incendio Incontrolable
La escalada ha activado las alarmas en toda la región. Turquía, a través de su Ministro de Exteriores Hakan Fidan, ha acusado a Israel de «arrastrar a la región al borde del desastre total» y ha instado a los países musulmanes a apoyar a Irán. El presidente Erdogan fue más allá, calificando los ataques israelíes como un sabotaje deliberado a las negociaciones nucleares.
Los Emiratos Árabes Unidos también han advertido sobre las consecuencias de una guerra prolongada, pidiendo un rápido final al conflicto. Esta preocupación regional subraya el mayor temor de todos: que la confrontación directa entre Israel e Irán se convierta en una conflagración regional con consecuencias económicas y humanas incalculables.
