Era de madrugada en Bogotá cuando el presidente Gustavo Petro lanzó un mensaje en su cuenta de X que resonaría en toda la región: más de veinte países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) habían expresado su rechazo al despliegue militar “extrarregional” de Estados Unidos.
En la historia diplomática latinoamericana, pocas veces una declaración conjunta había dejado tan en claro el compromiso de la región con la paz y el respeto al derecho internacional. México, Brasil, Chile y Nicaragua se sumaron al bloque mayoritario que reprobó la acción de Washington.
La Zona de Paz en disputa
Desde 2014, América Latina y el Caribe se proclamaron como Zona de Paz, bajo principios de no intervención, soberanía y solución pacífica de controversias. El pronunciamiento de la Celac refuerza este marco.
Petro recordó que esta declaración no es un adorno diplomático, sino un compromiso con la historia:
“Si Estados Unidos rompe el derecho internacional, se replanteará nuestra colaboración”, advirtió.
Las voces divergentes
No todos los países estuvieron de acuerdo. Guatemala, cuyo presidente Bernardo Arévalo aclaró que no suscribió el comunicado, se distanció del bloque mayoritario. Ecuador, Perú, Costa Rica y El Salvador también manifestaron reservas.
El contraste dejó en evidencia la dificultad de mantener un frente unificado, aunque la mayoría de naciones coincidió en condenar el ataque estadounidense contra una lancha en el Caribe, que según el presidente Donald Trump transportaba drogas y dejó 11 muertos.
El trasfondo del ataque en el Caribe
El hecho que encendió las alarmas ocurrió frente a las costas de Venezuela. Estados Unidos aseguró que su ofensiva se enmarcaba en la lucha contra el narcotráfico. Pero para Petro y otros mandatarios, la acción constituyó una violación del derecho internacional.
“Fue un asesinato, aquí y en cualquier parte del mundo”, dijo Petro, reiterando que Colombia no colaborará con operaciones que desconozcan la proporcionalidad en el uso de la fuerza.
La postura de la ONU
En Ginebra, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos también intervino. Su portavoz, Ravina Shamdasani, recordó que nadie debería ser asesinado por traficar o consumir drogas y subrayó que la fuerza letal sólo puede usarse ante una amenaza inminente a la vida.
El pronunciamiento de la ONU refuerza la postura de la Celac y coloca a Washington bajo escrutinio internacional.
Una América Latina más firme
El comunicado, aunque aún no oficial por la oposición de algunos países, marca un punto de inflexión: América Latina busca hablar con una sola voz ante el poder militar estadounidense.
En tiempos en que la geopolítica global se redefine, el mensaje de la Celac apunta a un futuro en el que la región defienda su soberanía y apueste por la paz como bandera común.


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