El VPH es un virus que, según datos oficiales, se relaciona con el desarrollo de cáncer cervicouterino en miles de mujeres cada año dentro del territorio mexicano.
A pesar de que el VPH es una enfermedad considerada como totalmente prevenible por la comunidad médica internacional, en México el cáncer cervicouterino cobra la vida de más de 5 mil mujeres anualmente.
Investigadoras de la Universidad Nacional Autónoma de México han identificado que esta alta mortalidad no se debe únicamente a factores biológicos, sino a barreras estructurales y sociales que impiden el acceso a diagnósticos oportunos y precisos en diversas regiones del país.
La detección temprana del VPH es la herramienta más poderosa para combatir esta estadística, sin embargo, millones de mujeres nunca se han realizado una prueba de tamizaje.
Las razones principales incluyen obstáculos económicos, la falta de infraestructura de salud en zonas rurales y factores culturales que generan resistencia ante procedimientos clínicos que pueden percibirse como invasivos.
Ante este panorama, el Laboratorio Nacional de Soluciones Biomiméticas para Diagnóstico y Terapia de la UNAM ha desarrollado una tecnología innovadora que busca democratizar el acceso a la salud femenina mediante un biosensor portátil.
VPH puede ser identificado mediante esta nueva prueba de autotoma que permite a la usuaria recolectar su propia muestra de manera privada.
A diferencia del papanicolaou tradicional, este sistema se basa en biología molecular y no requiere de personal especializado para la toma de la muestra ni de traslados complejos a laboratorios centralizados.
El dispositivo identifica el material genético del virus antes de que se presenten lesiones visibles en el cuello uterino, lo que permite una intervención médica mucho antes de que se desarrolle una patología oncológica grave.

Innovación científica para la prevención del VPH
La doctora Tatiana Fiordelisio, responsable del proyecto en la Facultad de Ciencias, enfatiza que si existiera un diagnóstico temprano generalizado, ninguna mujer debería fallecer por esta causa.
La plataforma tecnológica permite obtener resultados en cuestión de minutos, lo que representa un avance significativo frente a los métodos convencionales que suelen tardar días o semanas en entregar un diagnóstico.
Este biosensor utiliza cartuchos especializados con perlas magnéticas que capturan el material genético del virus de forma selectiva y eficiente.
El desarrollo de este proyecto es el resultado de años de investigación multidisciplinaria donde participan especialistas en física, matemáticas, química y diseño industrial.
Originalmente, la plataforma se diseñó para medir hormonas, pero tras la experiencia obtenida durante la pandemia de COVID-19, el equipo de la Universidad Nacional Autónoma de México decidió enfocar sus esfuerzos en resolver una crisis de salud pública persistente: el cáncer cervicouterino.
El objetivo es que la ciencia se convierta en una herramienta de justicia social para las poblaciones más vulnerables del país.
Barreras en la detección oportuna en México
VPH sigue siendo un diagnóstico difícil de alcanzar para la mayoría de la población femenina, ya que se estima que solo el 16% de las mujeres en el país se realizan pruebas de detección de forma regular.
Alrededor de 27 millones de mexicanas nunca han tenido acceso a un estudio de este tipo debido a los costos elevados de las pruebas de PCR comerciales y la centralización de los servicios de salud especializados en las grandes áreas metropolitanas.
Además, el componente psicológico juega un papel crucial, pues muchas mujeres evitan el examen por temor al dolor o por experiencias previas de violencia obstétrica.
La prueba de autotoma diseñada por las investigadoras universitarias elimina la necesidad de procedimientos invasivos, lo que ha generado una respuesta positiva entre las usuarias de las fases de prueba. Al permitir que la persona gestione su propia salud en un entorno seguro y privado, se rompen los tabúes asociados a la revisión ginecológica tradicional.
El impacto emocional de sentirse en control de la prueba es, según las desarrolladoras, un factor que fomenta la cultura de la prevención y el empoderamiento sobre el propio cuerpo.
El futuro del diagnóstico de VPH en el país
El VPH requiere de una vigilancia constante, y para ello es fundamental que las nuevas tecnologías cumplan con todos los requisitos legales establecidos por las autoridades sanitarias. Actualmente, esta prueba rápida desarrollada en Ciudad Universitaria se encuentra en una fase crítica de validación.
El equipo de investigación trabaja para cumplir con la normativa vigente y obtener la autorización de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, requisito indispensable para que el dispositivo pueda distribuirse de forma masiva en clínicas y centros de salud comunitarios.
Mientras se obtiene el registro sanitario definitivo, el laboratorio continúa ofreciendo servicios de diagnóstico molecular a bajo costo para apoyar a la comunidad y seguir recopilando datos que validen la eficacia del biosensor frente a los estándares internacionales.
La meta final es integrar esta tecnología en las políticas de salud pública nacionales para reducir drásticamente la incidencia de cáncer. Al simplificar el proceso y reducir los costos operativos, se abre la posibilidad de realizar campañas de detección masiva en comunidades donde actualmente no existen servicios médicos básicos.
El VPH es el factor de riesgo número uno para el cáncer de cuello uterino, pero con la implementación de herramientas portátiles y accesibles, el panorama epidemiológico podría cambiar en la próxima década.
La ciencia mexicana demuestra que la innovación tecnológica, cuando se combina con una perspectiva de género y sensibilidad social, puede ofrecer soluciones reales a problemas que han afectado a generaciones de mujeres.
La prevención deja de ser un privilegio de quienes pueden pagar laboratorios privados para convertirse en un derecho accesible para todas.
El VPH ya no debería ser sinónimo de una sentencia de salud grave si se cuenta con la información y las herramientas correctas. El esfuerzo coordinado entre la academia y las instituciones de salud será fundamental para que este biosensor llegue a las manos de quienes más lo necesitan.


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