La cuaresma es el periodo litúrgico de 40 días que la Iglesia Católica dedica a la preparación espiritual para la Pascua de Resurrección. Durante este tiempo, que comienza con la imposición de la ceniza, se invita a los fieles a profundizar en la oración, la caridad y la penitencia.
Dos de las prácticas más representativas de este camino son el ayuno y la abstinencia, las cuales suelen confundirse pero poseen significados y obligaciones distintas.
La vivencia de la cuaresma busca replicar los 40 días que Jesús pasó en el desierto, fomentando un espíritu de reflexión y dominio propio. Estas disciplinas no deben verse como meras prohibiciones alimentarias, sino como herramientas para fortalecer la voluntad y la solidaridad con quienes padecen hambre.
Al practicar el desprendimiento de lo material, el creyente busca una mayor apertura a la vida espiritual y al prójimo.
Este año, la cuaresma cobra una relevancia especial al invitar a la comunidad a retomar las tradiciones presenciales en las parroquias tras diversos periodos de transición sanitaria.
Comprender las normas vigentes, establecidas en el Código de Derecho Canónico, permite a los practicantes cumplir con sus mandatos religiosos de forma consciente, evitando interpretaciones erróneas sobre lo que está permitido consumir en las fechas de mayor solemnidad.

Definición y reglas del ayuno católico
El ayuno en el contexto de la cuaresma se define específicamente como la reducción en la cantidad de alimento ingerido durante el día. Según las normativas de la Iglesia, esta práctica obliga a los fieles adultos de entre 18 y 59 años de edad.
Consiste en realizar una sola comida completa al día, aunque se permiten dos colaciones ligeras que, sumadas, no equivalgan a una comida regular.
Las fechas obligatorias para realizar el ayuno durante esta cuaresma 2026 son únicamente dos: el Miércoles de Ceniza (18 de febrero) y el Viernes Santo (3 de abril).
Fuera de estos días, los fieles pueden realizar ayunos voluntarios como un ejercicio personal de piedad, pero la ley canónica solo exige este sacrificio en el inicio y el culmen de la temporada cuaresmal para quienes no tengan impedimentos de salud.
Es importante destacar que el ayuno no es una dieta, sino un acto de arrepentimiento y unión con el sacrificio de Cristo. Las personas enfermas, las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, y aquellos que realizan trabajos físicos extenuantes, están exentos de esta obligación.
La cuaresma enfatiza que la esencia del ayuno es la conversión interior, por lo que la privación de alimento debe ir siempre acompañada de actos de misericordia.
La abstinencia: renunciar a la carne roja
Por otro lado, la abstinencia se refiere a la privación voluntaria de comer carne de animales terrestres (mamíferos y aves). A diferencia del ayuno, la abstinencia no limita la cantidad de comida, sino la calidad o el tipo de alimento.
Esta norma es obligatoria para todos los católicos a partir de los 14 años de edad, y no existe un límite de edad superior para dejar de cumplirla.
Durante la cuaresma, la abstinencia de carne debe guardarse todos los viernes del periodo, además del Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
Es tradicional que en México y otros países de habla hispana se sustituya la carne roja por pescado o mariscos, aunque la Iglesia también sugiere que este sacrificio se traduzca en una alimentación sencilla y económica, destinando el ahorro a ayudar a los más necesitados.
Un dato relevante que el Episcopado Mexicano ha recordado para la cuaresma es que la abstinencia de los viernes (fuera del Miércoles de Ceniza y Viernes Santo) puede suplirse, en ciertos casos, por obras de caridad, lectura de la Biblia o sacrificios personales.
No obstante, la tradición de no consumir carne roja sigue siendo el signo externo más fuerte de penitencia comunitaria para recordar la muerte de Jesús en la cruz.
Sentido espiritual del sacrificio cuaresmal
Ambas prácticas son complementarias y tienen como fin último la purificación del alma. Mientras el ayuno ayuda al dominio de los impulsos físicos, la abstinencia funciona como un recordatorio constante de la sobriedad que debe reinar en la vida cristiana. La cuaresma es, por tanto, una oportunidad para recalibrar las prioridades personales y comunitarias ante la llegada de la Semana Santa.
Para quienes deseen profundizar en los horarios de las misas y actividades parroquiales, se recomienda consultar los canales oficiales de la Conferencia del Episcopado Mexicano o acercarse a su centro de culto local.


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