Las apps que gastan batería se convierten en un problema serio cuando las altas temperaturas entran en juego. Tal vez lo has notado: el celular se calienta más de lo normal, la carga baja a velocidad alarmante y, sin darte cuenta, terminas buscando un enchufe antes de que termine el día. No es solo mala suerte ni un teléfono viejo; es una combinación de calor, hábitos y aplicaciones exigentes.
Durante los meses de calor intenso, las baterías de ion de litio —presentes en casi todos los smartphones— trabajan bajo estrés. Las reacciones químicas internas se aceleran con la temperatura, lo que reduce la autonomía y acelera el desgaste. Si a esto se suman apps demandantes, el resultado es un drenaje mucho más rápido y, a largo plazo, una batería con menor vida útil.
Por qué el calor afecta tanto a la batería del celular
El calor no solo incomoda al usuario, también obliga al dispositivo a trabajar más. El procesador, la pantalla y los sensores elevan su actividad para mantener el rendimiento, mientras el sistema intenta evitar daños por sobrecalentamiento. Este esfuerzo adicional se traduce en mayor consumo energético.
Además, usar el celular al aire libre suele implicar brillo al máximo, datos móviles activos y múltiples apps abiertas. Todo ocurre al mismo tiempo, creando un círculo vicioso: más calor, más consumo, menos batería.
Apps que gastan batería cuando suben las temperaturas
No todas las aplicaciones impactan igual. Algunas destacan por su alto consumo, especialmente en días calurosos.
Redes sociales
Facebook, Instagram, TikTok y Snapchat encabezan la lista. Mantienen la pantalla encendida, reproducen video constante, usan la cámara y actualizan contenido en segundo plano. En uso intensivo, pueden consumir hasta un 15% de batería por hora.
Streaming y video
Plataformas como YouTube, Netflix, Disney+ o Twitch exigen mucho al procesador y la pantalla. Ver contenido en alta definición con brillo elevado puede agotar cerca del 12% de la batería por hora, incluso más con datos móviles.
Videojuegos
Títulos como Call of Duty Mobile, PUBG o Fortnite llevan el hardware al límite. Gráficos avanzados y procesamiento constante generan calor interno y reducen la autonomía de forma drástica. Tres horas de juego pueden consumir hasta el 40% de la carga.
Navegación y mapas
Google Maps y Waze utilizan GPS, datos en tiempo real y la pantalla encendida de forma continua. En trayectos largos y con altas temperaturas, su impacto en la batería es considerable.
Apps silenciosas en segundo plano
Navegadores, apps de noticias, clima o redes sociales siguen trabajando incluso cuando no las abres. Su consumo pasa desapercibido hasta que el porcentaje de batería cae sin explicación.
El valor real de la tecnología: usarla mejor, no menos
A mitad de esta experiencia cotidiana, entender cómo funcionan las apps que gastan batería permite tomar decisiones más inteligentes. No se trata de dejar de usar tecnología, sino de aprovecharla con criterio.
Reducir el brillo manualmente es una de las acciones más efectivas. El modo automático suele llevar la pantalla al máximo bajo el sol, disparando el consumo. También es clave desactivar GPS, Bluetooth o Wi-Fi cuando no se necesitan.
Cerrar aplicaciones exigentes en segundo plano evita que sigan usando recursos sin aportar valor real. Otro punto crítico es no cargar el celular mientras se juega o se reproduce video: la combinación de carga y uso intensivo eleva peligrosamente la temperatura interna.
Los fabricantes recomiendan mantener la carga entre 20% y 80% para prolongar la vida útil. Usar cargadores originales o certificados evita picos de energía que dañan la batería. Además, actualizar el sistema operativo ayuda, ya que muchas versiones optimizan el consumo energético.
Activar el modo ahorro de batería cuando el nivel es bajo no es una solución mágica, pero sí una herramienta útil para momentos críticos, ya que limita procesos secundarios y prioriza funciones esenciales.
Una lección para el uso diario del celular
El calor no se puede controlar, pero el uso del celular sí. Identificar las apps que gastan batería y ajustar hábitos permite disfrutar de la tecnología sin sacrificar autonomía ni dañar el dispositivo. Al final, la clave está en usar el smartphone como una herramienta inteligente, no como una fuente constante de estrés energético.


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