En el corazón del universo PlayStation, donde nacieron sagas legendarias como God of War, Horizon y Uncharted, se libra una batalla silenciosa. No es una pelea entre héroes y villanos, sino entre dos visiones del entretenimiento: la del arte narrativo y la del negocio perpetuo de los juegos como servicio (GaaS).
Para Shawn Layden, exjefe de PlayStation entre 2014 y 2019, los juegos como servicio “no son realmente juegos”. Lo dice con la autoridad de quien impulsó algunas de las etapas más exitosas de Sony, cuando los títulos exclusivos contaban historias profundas y memorables.
Layden no está en contra de la innovación, pero sí de la obsesión por replicar el modelo Fortnite. Para él, muchas compañías han confundido el valor artístico con la búsqueda constante de ingresos recurrentes, sacrificando la creatividad por la rentabilidad.
Sony, entre el éxito de Helldivers 2 y el tropiezo de Concord
Sony lleva años persiguiendo el sueño de dominar el mercado de los juegos como servicio. Aunque Helldivers 2 demostró que es posible triunfar con una fórmula cooperativa bien pensada, el fracaso estrepitoso de Concord y la cancelación de otros proyectos han dejado a la compañía en una encrucijada.
Layden, quien fue clave en la era dorada de PlayStation 4, considera que este tipo de productos carecen de lo que hace grande a un videojuego: una historia, un personaje y un mundo. Sin esos tres pilares, dice, no hay emoción, solo repetición.
En sus palabras, un juego como servicio es más un “dispositivo de compromiso” que una experiencia narrativa. Es decir, un sistema diseñado para mantener al jugador conectado mediante recompensas, eventos o microtransacciones, pero no necesariamente para contar una historia.
“El espejismo del éxito”: la advertencia de Layden
Layden compara la insistencia de Sony con “un espejismo en lo alto de una duna”. Todos lo persiguen, pero pocos lo alcanzan. Y si lo logran, dice, “lo que traes a la fiesta ya no le interesa a nadie”.
La crítica apunta directamente al mercado saturado: clones de Fortnite, imitaciones de Overwatch o proyectos como Marvel Rivals que buscan replicar una fórmula ya agotada. Para el exdirectivo, esta carrera por los “sacos de dinero” termina alejando a las compañías de su verdadero propósito: crear experiencias memorables.
El valor de contar historias
Layden insiste en que el alma de PlayStation siempre fueron sus historias. Juegos como God of War o The Last of Us no solo vendieron millones de copias; también conectaron emocionalmente con el público.
Esa conexión, explica, no se consigue con actualizaciones semanales ni con pases de temporada. Se construye con narrativas que invitan a los jugadores a reflexionar, sentir y recordar. Por eso, Layden teme que la obsesión de Sony por los juegos como servicio termine erosionando el legado que la hizo grande.
¿El futuro de PlayStation?
La pregunta es si Sony podrá equilibrar ambas visiones. Con nuevos títulos narrativos en desarrollo y varios proyectos GaaS aún por anunciar, el futuro de la marca depende de su capacidad para innovar sin perder identidad.
Layden, desde fuera de la compañía, lanza su advertencia: los videojuegos deben seguir siendo arte, no solo servicios. Porque en el fondo, los jugadores no buscan una suscripción; buscan una historia que los haga sentir parte de algo más grande.


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