La historia de Petróleos Mexicanos en 2025 se ha convertido en un relato de resistencia y deterioro financiero. Pese a los esfuerzos del gobierno federal por estabilizar la empresa más emblemática del país, Pemex enfrenta un nuevo incremento en su deuda con proveedores y un debilitamiento sostenido en su balance general.
Durante el tercer trimestre del año, la empresa productiva del Estado reportó un aumento del 37.1% en su deuda con proveedores, alcanzando los 28 mil 130 millones de dólares, una cifra alarmante frente a los 20 mil 524 millones de dólares del mismo periodo del año anterior. El incremento revela que, lejos de mejorar, la crisis de liquidez se profundiza.
Un flujo de pagos que no alcanza
De enero a septiembre, Pemex desembolsó 299 mil 768 millones de pesos para cumplir con compromisos operativos. La petrolera aseguró haber mantenido un flujo constante de pagos, incluso implementando el Programa de Financiamiento de Inversión 2025, respaldado por un vehículo financiero de hasta 250 mil millones de pesos.
Sin embargo, estos esfuerzos no han sido suficientes para revertir la presión financiera. Los proveedores, algunos con meses sin recibir el pago de sus facturas, enfrentan un panorama incierto que amenaza con frenar la cadena de suministro. La narrativa oficial busca transmitir confianza, pero el sector energético sabe que el verdadero desafío no está solo en pagar, sino en sostener la operación sin comprometer el futuro.
Deuda total y deterioro operativo
En su reporte trimestral, Pemex informó que su deuda financiera total asciende a 100 mil 300 millones de dólares, lo que representa un incremento de 2.7% respecto al trimestre anterior. Aunque la empresa mantiene líneas de crédito disponibles por 4.2 mil millones de dólares y 20.5 mil millones de pesos, la realidad muestra una dependencia creciente del financiamiento externo.
La caída en la producción de crudo, otro de los pilares que afectan la rentabilidad, ha reducido el margen operativo. A pesar de las inversiones en las seis refinerías y en la nueva planta de Dos Bocas, los avances técnicos aún no se traducen en una mejora tangible de los resultados financieros.
Entre julio y septiembre, Pemex reportó una pérdida neta de 61 mil millones de pesos. Aunque menor que en años anteriores, la cifra mantiene a la petrolera en números rojos y refuerza la idea de que la sostenibilidad financiera sigue siendo un objetivo lejano.
Un “borrón y cuenta nueva” para 2026
El discurso institucional insiste en que Pemex podrá alcanzar la sostenibilidad sin apoyo del gobierno federal hacia 2027. La meta incluye una reducción del 10% en su deuda total para el cierre de 2025 y la promesa de liquidar sus pasivos con proveedores para 2026, bajo el lema de “borrón y cuenta nueva”.
Aun así, la pregunta persiste: ¿es viable un rescate sin fondo en medio de un entorno global de precios volátiles y presiones fiscales internas? Para muchos analistas, la estrategia del gobierno se encuentra en un punto de inflexión, donde la confianza política comienza a chocar con la realidad financiera.
Pemex, símbolo y carga de la economía mexicana
Pemex no es solo una empresa: es un símbolo del Estado mexicano. Su historia, marcada por el nacionalismo energético, hoy enfrenta la prueba más dura desde su creación. Los programas de rescate, las inyecciones de capital y las reestructuras fiscales no han logrado eliminar el peso de una deuda que se multiplica año tras año.
El futuro de la petrolera dependerá de su capacidad para modernizar su estructura, optimizar la refinación y recuperar la confianza de inversionistas y proveedores. Mientras tanto, los números pintan un escenario de alerta: más gasto, menos ingresos y un compromiso financiero que podría limitar el margen de maniobra del país entero.
Una empresa entre la esperanza y el riesgo
Pemex continúa siendo un pilar estratégico para México, pero también una carga fiscal creciente. El objetivo de alcanzar autonomía financiera para 2027 suena ambicioso, especialmente cuando los indicadores siguen mostrando pérdidas y endeudamiento.
El relato de 2025 cierra con una paradoja: una empresa que sigue siendo la mayor generadora de ingresos públicos, pero que al mismo tiempo depende del mismo gobierno que busca liberarla.


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