Hablar de herencias sigue siendo incómodo para muchas familias en México. Sin embargo, no planear qué pasará con una casa, un terreno o cualquier patrimonio puede terminar en pleitos, juicios largos y gastos inesperados.
Las dos opciones más comunes para dejar una propiedad son el testamento y la donación en vida. Ambas sirven para transferir bienes, pero tienen diferencias importantes en costos, tiempos y nivel de control sobre la propiedad.
El testamento permite conservar la casa hasta el final
El testamento sigue siendo la herramienta más segura para dejar una casa a hijos, nietos, pareja o cualquier otra persona. La ventaja principal es que el dueño mantiene el control total de la propiedad mientras vive. Puede cambiar de opinión, modificar beneficiarios o vender el inmueble si así lo desea.
El trámite se realiza ante notario y suele costar entre 800 y 5 mil pesos, dependiendo del estado y del tipo de testamento. Durante el llamado “Mes del Testamento”, que se realiza en septiembre, muchas notarías ofrecen descuentos de hasta 50%.
En la Ciudad de México, un testamento básico para personas de entre 16 y 64 años cuesta alrededor de 2 mil 199 pesos. Para mayores de 65 años, puede bajar a poco más de 700 pesos.
Sin embargo, aunque hacer el testamento es relativamente barato, heredar una casa después puede implicar gastos notariales, impuestos y honorarios legales que representan entre 15% y 30% del valor del inmueble.

Donar en vida puede ser más rápido y barato
La donación en vida permite transferir la propiedad de inmediato, sin esperar al fallecimiento del dueño.
Esta alternativa suele ser más ágil porque evita juicios sucesorios y puede reducir costos para la familia. En algunos casos, el trámite puede completarse en unas semanas, aunque la inscripción definitiva en el Registro Público puede tardar hasta seis meses.
Cuando la donación se hace entre padres, hijos, abuelos, nietos o cónyuges, el beneficiario queda exento del pago de ISR por adquisición. Además, no se paga IVA y los costos notariales suelen rondar entre 5% del valor del inmueble, más impuestos locales de entre 2% y 2.5%.
El usufructo vitalicio protege al dueño
Muchas personas optan por donar la casa, pero reservándose el llamado usufructo vitalicio. Esto significa que la propiedad pasa legalmente al beneficiario, pero el dueño original conserva el derecho de vivir en ella, rentarla o usarla durante toda su vida.
El usufructo vitalicio suele utilizarse para evitar que los hijos o familiares vendan la casa sin autorización del donante. También permite conservar la seguridad de seguir usando el inmueble aunque ya no esté a nombre del propietario original.
¿Qué documentos se necesitan?
Para hacer un testamento o una donación en vida, normalmente se necesita acudir con un notario y presentar identificación oficial vigente, acta de nacimiento y, si aplica, acta de matrimonio o divorcio.
En caso de donar una casa, también se requiere la escritura del inmueble, boletas de predial, comprobantes de agua, avalúo y documentos del beneficiario.
Entonces, ¿qué conviene más?
Si la prioridad es mantener el control total de la propiedad hasta el fallecimiento, el testamento suele ser la mejor opción.
Pero si se busca evitar juicios, acelerar el proceso y facilitar el cambio de propietario, la donación en vida puede ser más barata y práctica, sobre todo entre familiares directos.
Especialistas coinciden en que lo más importante no es solo elegir una figura legal, sino hacerlo a tiempo. Morir sin testamento o sin dejar clara la propiedad de una casa puede generar conflictos familiares que duran años y cuestan mucho más que cualquier trámite notarial.


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