El reconocimiento como el Jugador Más Valioso es el honor individual más grande en la liga, pero paradójicamente no siempre garantiza el éxito colectivo final. Muchos atletas han dominado las estadísticas y el espectáculo durante la temporada regular, alcanzando el pico de su rendimiento físico y técnico, sin lograr reflejar esa excelencia en la conquista del trofeo Vince Lombardi.
A lo largo de la historia, la presión por conseguir un campeonato ha perseguido a grandes figuras que, a pesar de sus vitrinas personales llenas de trofeos, se mantienen en la lista de jugadores que nunca han celebrado un título en el gran domingo.
La dinámica actual de la liga muestra una competencia feroz donde incluso los mejores talentos enfrentan barreras insuperables en la postemporada. Jugadores de la talla de Lamar Jackson y Josh Allen son ejemplos perfectos de esta tendencia en la era moderna.
Ambos jugadores han sido condecorados por su desempeño excepcional, demostrando habilidades duales que han revolucionado la posición de mariscal de campo. Sin embargo, se han topado con equipos dominantes o circunstancias de juego que han truncado sus aspiraciones de campeonato justo antes de llegar a la meta final.
Jugadores activos con el galardón pero sin anillo
En la actualidad, el caso más emblemático es el de Lamar Jackson. El mariscal de campo de los Baltimore Ravens ha ganado el premio al MVP en dos ocasiones, en las temporadas 2019 y 2023. A pesar de su capacidad para destrozar defensivas tanto por aire como por tierra, Jackson no ha logrado superar la barrera de los juegos de campeonato para instalarse en un Super Bowl.
Su impacto en el juego es innegable, pero la falta de un anillo sigue siendo la única mancha en un currículum que ya es digno del Salón de la Fama para la crítica especializada.
Por otro lado, Josh Allen se unió recientemente a esta lista tras ser nombrado MVP de la temporada 2024. El líder de los Buffalo Bills ha sido un invitado constante en los playoffs durante las últimas siete temporadas, pero su tope ha sido el Juego de Campeonato de la AFC.
Con cambios recientes en el cuerpo técnico de su equipo, como el despido de Sean McDermott, Allen busca desesperadamente romper la sequía de una franquicia que históricamente ha sufrido en las instancias finales. La urgencia para estos jugadores radica en que su ventana de competitividad física no será eterna.
Un caso emergente es el de Drake Maye, quien según registros recientes ha sido una de las grandes revelaciones de la liga en los New England Patriots.
Al ser nombrado MVP en una etapa temprana de su carrera, se suma a la presión de demostrar que puede llevar a su equipo a la gloria máxima, evitando caer en la estadística de aquellos que brillan individualmente pero se quedan cortos en el éxito grupal.
La lista de jugadores activos bajo este escenario es corta pero sumamente talentosa, lo que aumenta la expectativa cada año.

Jugadores históricos que se quedaron sin el trofeo
Mirar hacia atrás permite entender que este fenómeno no es nuevo en el deporte profesional. La historia de la NFL está marcada por leyendas que dominaron sus épocas pero nunca pudieron portar el anillo de campeón.
Quizás el nombre más recordado sea el de Dan Marino. El pasador de los Miami Dolphins fue el MVP en 1984 y estableció récords que tardaron décadas en romperse. Marino llegó a un Super Bowl en su segunda temporada, pero esa fue su única oportunidad real de coronarse, terminando una carrera legendaria sin el título que tanto deseaba.
Existen otros 21 jugadores que han sido MVP en la era del Super Bowl y jamás se coronaron. Entre ellos destacan figuras como Fran Tarkenton, quien perdió cuatro Super Bowls con los Minnesota Vikings, y Jim Kelly, quien aunque no ganó el MVP de temporada regular, lideró a Buffalo a cuatro derrotas consecutivas en el gran juego.
En la lista de quarterbacks y jugadores que ganaron el MVP pero no el anillo también figuran nombres como Matt Ryan, quien estuvo a minutos de lograrlo con Atlanta, y Cam Newton, cuya temporada histórica con Carolina terminó en una derrota dolorosa.
No solo los mariscales de campo han sufrido este destino a lo largo de las décadas. Corredores de élite como Barry Sanders y Adrian Peterson también forman parte de este selecto pero frustrado grupo.
Sanders es considerado por muchos como el mejor corredor de todos los tiempos, pero la falta de apoyo en los Detroit Lions limitó sus posibilidades de éxito en postemporada. Por su parte, Peterson tuvo una de las temporadas más espectaculares para un corredor en 2012, lo que le valió el MVP, pero nunca pudo llevar a Minnesota a la victoria definitiva en un Super Bowl.
Estadísticas y récords de los MVP sin corona
El análisis de los jugadores que han ostentado el título de MVP muestra que un total de 12 quarterbacks han finalizado sus carreras o se mantienen activos sin haber ganado el trofeo Vince Lombardi.
Esta lista de jugadores incluye a Roman Gabriel, John Brodie, Bert Jones, Brian Sipe, Ken Anderson, Boomer Esiason, Rich Gannon y Steve McNair.
Cada uno de ellos representó la élite de su tiempo, pero por diversas razones, desde lesiones hasta enfrentarse a dinastías como las de los 49ers o los Patriots, se quedaron en el camino.
Es importante destacar que ser MVP no es una maldición, sino una prueba de la dificultad que representa ganar en la NFL. Para obtener información detallada sobre el desempeño de estos equipos en postemporada, se puede consultar el sitio de la verdad noticias donde se analizan las rachas y estadísticas actuales.
La consistencia necesaria para ganar cuatro juegos de eliminación directa es muy distinta a la requerida para dominar una temporada regular de 17 encuentros, y ahí es donde muchos de estos grandes atletas han fallado.
Actualmente, la liga atraviesa un relevo generacional donde jóvenes talentos buscan evitar el destino de los grandes nombres del pasado.
Equipos como los Buffalo Bills están reestructurando sus esquemas para maximizar las oportunidades de sus estrellas mientras están en su mejor momento.
La presión mediática y la de los aficionados crece con cada temporada que pasa sin que el jugador más valioso de la liga pueda levantar el trofeo, convirtiendo esta búsqueda en una de las narrativas más fascinantes del deporte profesional estadounidense.


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