Eduardo Portillo logra bronce en raquetbol y pone en alto a México
El 16 de agosto de 2025 quedará grabado en la memoria del deporte mexicano. En Chengdú, China, el joven Eduardo Portillo conquistó la medalla de bronce en la modalidad individual de raquetbol, luego de un duelo que mantuvo en vilo a la afición.
La emoción de la final por el tercer lugar frente al guatemalteco Edwin Galicia fue digna de una película deportiva. Cinco sets, marcadores cerrados y la certeza de que cada punto definía el destino de un campeón.
El camino hacia el bronce
El partido inició con una muestra de carácter. Portillo se llevó el primer set 19-17, en un cierre dramático que puso de pie a los presentes. Con la confianza a su favor, extendió la ventaja con un 11-9 en el segundo set.
Pero Galicia no se rindió. El guatemalteco reaccionó con intensidad, ganando los dos siguientes sets 10-12 y 8-11, obligando a definir todo en un último capítulo. Fue entonces cuando Portillo, con temple de hierro, cerró el duelo 11-9 y se quedó con la gloria.
Una medalla con sabor a legado
Con este resultado, México sumó su octava medalla en los Juegos Mundiales 2025: tres oros, dos platas y tres bronces. La presea de Portillo no solo engalana el medallero, sino que reafirma la fortaleza del raquetbol tricolor, una disciplina en la que nuestro país ha brillado en la última década.
El triunfo del joven mexicano demuestra que la nueva generación está lista para tomar la estafeta y continuar el camino trazado por figuras históricas del raquetbol nacional.
México, potencia mundial en raquetbol
La Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE) celebró el logro de Portillo, destacando que su desempeño refleja disciplina, pasión y compromiso. Más allá de un resultado, su medalla representa un impulso al desarrollo del deporte en México, inspirando a las futuras generaciones.
Con cada punto, Portillo no solo jugaba para sí mismo, sino para millones de mexicanos que hoy ven en él un referente. Chengdú 2025 quedará como la confirmación de que México sigue siendo potencia mundial en raquetbol.
Conclusión
El bronce de Eduardo Portillo es más que una medalla: es una historia de resistencia, esfuerzo y orgullo nacional. México celebra y se ilusiona con un futuro donde el raquetbol siga siendo motivo de gloria internacional.


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