En la última década, la ciencia ha dado pasos firmes para descifrar cómo envejece el cerebro y qué señales anticipan la demencia. Una investigación reciente, basada en más de 2,600 resonancias magnéticas, ofrece un hallazgo que cambia la forma de entender este proceso: el deterioro cerebral no solo se mide en pérdida de volumen, sino también en cambios en la geometría global del cerebro.
El estudio detrás del hallazgo
El trabajo fue realizado por expertos de la Universidad de California, Irvine, y la Universidad de La Laguna en España. Su análisis abarcó adultos entre 30 y 97 años, y permitió identificar transformaciones visibles en la estructura cerebral a lo largo del tiempo.
Los investigadores descubrieron que, a medida que envejecemos, las zonas inferiores del cerebro —responsables de funciones vitales como la respiración y el ritmo cardíaco— tienden a expandirse, mientras que las regiones superiores, relacionadas con el lenguaje, la visión y el control motor, se compactan. El resultado es un patrón de “desplome” cerebral, más pronunciado en personas con diagnóstico de demencia.
Alzheimer y la corteza entorrinal: el epicentro del cambio
Uno de los puntos más relevantes del estudio es el papel de la corteza entorrinal, una región vinculada con la memoria. Esta área, que suele ser el primer lugar donde se acumula la proteína tau relacionada con el Alzheimer, muestra una expansión que podría ser clave para entender por qué allí comienza el daño.
Michael Yassa, coautor de la investigación, explicó que si los cambios geométricos ejercen presión sobre esta zona tan sensible, el deterioro puede instalarse con mayor rapidez.
Más de siete millones de casos en EE. UU.
El Alzheimer afecta a más de siete millones de personas en Estados Unidos y millones más en el resto del mundo. Frente a esta cifra alarmante, la posibilidad de contar con un marcador visual en resonancias magnéticas abre una ventana hacia diagnósticos más tempranos.
Según Niels Janssen, neurocientífico de La Laguna, el futuro podría pasar por comparar la forma del cerebro de cada paciente con un patrón estándar. Superar un umbral de diferencia serviría como advertencia médica incluso antes de los primeros olvidos.
Una mirada complementaria
Hasta ahora, la detección temprana del Alzheimer se ha centrado en análisis moleculares o pruebas de memoria. Este estudio propone un camino paralelo: observar el cerebro desde una perspectiva estructural.
Combinar ambas aproximaciones —la microscópica y la macroscópica— podría revolucionar la forma en que se diagnostican y tratan las enfermedades neurodegenerativas, ofreciendo más tiempo para prevenir el deterioro.
Una esperanza en medio de la preocupación global
Aunque aún no existe un test clínico basado en esta técnica, los investigadores insisten en su potencial. La simple geometría cerebral podría convertirse en un aliado contra uno de los problemas de salud más graves del siglo XXI.
La investigación refuerza la idea de que el envejecimiento cerebral es más complejo que la pérdida de volumen: también implica una transformación en la forma, visible en imágenes que podrían anticipar el futuro de nuestra salud cognitiva.
