Un simple análisis de orina podría convertirse en una herramienta prometedora para detectar el trastorno del espectro autista (TEA) en niños pequeños, según una investigación publicada recientemente en la revista científica Molecular Psychiatry.
El estudio encontró que los niños con autismo presentan perfiles específicos de metabolitos producidos por bacterias intestinales, lo que permite diferenciarlos de los menores con desarrollo neurotípico mediante una prueba no invasiva. Los investigadores señalaron que este método logró identificar correctamente al 90% de los niños diagnosticados con autismo incluidos en el estudio y no clasificó erróneamente a ninguno de los participantes sin la condición.
Conexión entre el intestino y el cerebro
La investigación fue desarrollada por especialistas de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), quienes analizaron la relación entre la microbiota intestinal y el autismo.
De acuerdo con James Adams, profesor de ingeniería e investigador del Centro Biodesign para la Salud a través de los Microbiomas de ASU, algunas bacterias intestinales producen metabolitos que alteran compuestos relacionados con neurotransmisores esenciales.
“Lo realmente llamativo de las bacterias es que producen metabolitos que son básicamente versiones alteradas de la serotonina y la dopamina”, explicó Adams.
Estos neurotransmisores participan en funciones como el estado de ánimo, la memoria, la atención y la cognición, por lo que las alteraciones detectadas podrían ayudar a comprender algunos síntomas asociados al autismo.

¿Qué encontraron los científicos?
Para desarrollar el estudio, los investigadores analizaron muestras de orina de 52 niños diagnosticados con autismo y las compararon con las de 47 niños con desarrollo típico. Los resultados mostraron diferencias significativas.
Casi todos los menores con autismo presentaron niveles elevados de al menos un metabolito producido por microorganismos intestinales. En algunos casos, las concentraciones fueron entre 100 y mil veces superiores a las observadas en el grupo de control. En promedio, los niños autistas registraron tres metabolitos elevados, mientras que los participantes neurotípicos no presentaron alteraciones similares.
Entre las sustancias identificadas se encontraron metabolitos derivados de aminoácidos como la tirosina, el triptófano y la fenilalanina, compuestos relacionados con rutas biológicas esenciales para la producción de neurotransmisores. También se detectaron marcadores asociados con la actividad de levaduras y hongos presentes en el intestino.

¿Cómo funciona la nueva prueba de orina para detectar autismo?
Con la información obtenida, los investigadores diseñaron una prueba basada en el análisis de 17 metabolitos específicos presentes en la orina. Según Christina Flynn, autora principal del estudio y recién graduada doctoral de ASU, esta herramienta podría utilizarse en niños de entre 2 y 11 años para identificar aquellos con mayor riesgo de recibir un diagnóstico de autismo.
“Utilizar esta prueba te dirá qué niños pequeños tienen un alto riesgo de ser diagnosticados con autismo y guiará el tratamiento en aquellos que ya han sido diagnosticados”, señaló Flynn.
El objetivo es complementar los métodos actuales, que dependen principalmente de evaluaciones conductuales y observaciones clínicas, procesos que en muchos casos pueden tardar meses o incluso años.
La importancia de un diagnóstico temprano
Los especialistas destacan que uno de los principales desafíos para muchas familias es el tiempo que transcurre antes de obtener un diagnóstico definitivo. Actualmente, el diagnóstico del autismo se basa principalmente en la observación del comportamiento y el desarrollo social y comunicativo del niño.
Esto puede retrasar el acceso a terapias e intervenciones tempranas que han demostrado mejorar significativamente la calidad de vida de las personas con TEA.
“Para muchas familias, uno de los mayores retos es la espera, el no saber. Si esta prueba reduce esa brecha, aunque sea un poco, eso tiene sentido porque una intervención más temprana puede ayudar mucho”, afirmó Flynn.
Aún se necesitan más investigaciones
Aunque los resultados son prometedores, los científicos advierten que la prueba todavía requiere estudios adicionales antes de convertirse en una herramienta de diagnóstico utilizada de forma rutinaria. Será necesario evaluar su funcionamiento en poblaciones más amplias y diversas para confirmar su eficacia y precisión.
Sin embargo, los hallazgos también abren la puerta a nuevas líneas de investigación relacionadas con el papel de la microbiota intestinal en el autismo.
Además de facilitar la detección temprana, los investigadores consideran que los metabolitos identificados podrían convertirse en objetivos terapéuticos. La posibilidad de modificar la microbiota intestinal mediante tratamientos específicos, cambios alimenticios o incluso terapias como los trasplantes fecales está siendo explorada por la comunidad científica.
“Creemos que reducir los niveles de estos metabolitos puede ayudar a estos niños a llevar una vida más sana y feliz”, concluyó Adams.


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