En los últimos años, diversos estudios científicos han demostrado lo que muchos amantes de los felinos ya intuían: convivir con gatos no solo llena de ternura y compañía el hogar, sino que también tiene efectos positivos en la salud cerebral y en la producción de las llamadas hormonas de la felicidad.
Más allá de su carácter independiente, los gatos generan un impacto emocional y físico que contribuye a reducir el estrés, mejorar la memoria y aumentar el bienestar general. Pero, ¿cómo es posible que estos pequeños animales ejerzan tanta influencia en nuestro organismo?
Gatos y cerebro: una conexión más profunda de lo que parece
El cerebro humano responde de manera especial a los estímulos afectivos. Acariciar a un gato, escuchar su ronroneo o simplemente observarlo puede activar áreas relacionadas con el placer y la calma, como el sistema límbico.
Investigaciones publicadas en la Journal of Behavioral Medicine revelan que los dueños de gatos presentan niveles más bajos de cortisol, la hormona del estrés, y mayor actividad en regiones cerebrales vinculadas con la memoria y el aprendizaje. Esto sugiere que la convivencia con felinos podría tener un papel protector contra el deterioro cognitivo.
Hormonas de la felicidad: serotonina, dopamina y oxitocina
El contacto con un gato desencadena la liberación de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la oxitocina, conocidos como “hormonas de la felicidad”. Estos compuestos están directamente relacionados con la sensación de bienestar, el apego y la motivación.
- Serotonina: regula el estado de ánimo y previene la depresión.
- Dopamina: activa el sistema de recompensa del cerebro, generando placer.
- Oxitocina: fortalece los lazos afectivos y disminuye la ansiedad.
De ahí que muchas personas experimenten una sensación de calma inmediata al acariciar a su gato después de un día estresante.
El ronroneo: una terapia natural
Uno de los aspectos más fascinantes es el ronroneo de los gatos. Este sonido, que oscila entre 25 y 150 Hz, ha sido estudiado por su capacidad para inducir relajación y, sorprendentemente, estimular la regeneración de tejidos y huesos.
Desde el punto de vista psicológico, el ronroneo actúa como una especie de “música terapéutica” que ayuda a reducir la presión arterial, controlar la ansiedad y favorecer un estado de bienestar profundo.
Convivir con gatos y la prevención del deterioro cognitivo
El envejecimiento conlleva, de manera natural, un riesgo de pérdida de memoria y problemas cognitivos. Sin embargo, investigadores de la Universidad de Minnesota han encontrado que las personas que conviven con gatos tienen menor incidencia de enfermedades cardiovasculares y estrés crónico, dos factores que suelen afectar de manera directa la salud cerebral.
La estimulación constante que genera interactuar con una mascota —desde cuidar de ella hasta comunicarse con gestos y rutinas— mantiene al cerebro activo y podría retrasar el deterioro cognitivo.
Beneficios emocionales y sociales de vivir con gatos
Además de los efectos fisiológicos, los gatos cumplen una función esencial en la salud emocional:
- Reducen la soledad y aportan compañía en hogares unipersonales.
- Fomentan rutinas diarias, lo que es positivo para la organización mental.
- Sirven como apoyo emocional en procesos de ansiedad y depresión.
Incluso, estudios han mostrado que los niños que crecen con gatos desarrollan mayores niveles de empatía y habilidades sociales.
Los gatos son mucho más que animales de compañía: son aliados naturales de nuestro cerebro y de nuestras emociones. Desde estimular la producción de hormonas de la felicidad hasta proteger contra el deterioro cognitivo, los beneficios de convivir con ellos están respaldados por la ciencia.
Si bien cada mascota implica una responsabilidad, quienes eligen compartir su vida con un gato reciben a cambio mucho más que maullidos y ronroneos: obtienen un verdadero impulso para su bienestar mental y emocional.


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