¿Pollo amarillo o blanco? El color sí importa y esta es la razón según especialistas

¿El pollo amarillo es mejor que el blanco? Expertos explican qué significa el color de la piel y qué debes revisar antes de comprarlo.

Al comprar pollo es común que muchas personas se dejen llevar por el color de la piel. Hay quienes creen que el pollo amarillo tiene mejor calidad o un sabor más intenso, mientras que otros prefieren el de piel blanca porque consideran que contiene menos grasa. Sin embargo, la ciencia demuestra que ninguna de estas creencias determina qué tan saludable es uno u otro.

Especialistas en nutrición coinciden en que el color de la piel no modifica el valor nutricional del pollo. La diferencia es completamente visual y está relacionada con la alimentación que recibió el ave durante su crianza, no con la cantidad de proteínas, vitaminas o minerales que aporta.

¿Por qué algunos pollos tienen la piel amarilla?

El tono amarillento no es consecuencia de hormonas, aditivos o un mejor proceso de producción, sino de la dieta del ave. Los pollos que consumen maíz, alfalfa y otros alimentos ricos en carotenoides desarrollan una coloración amarilla en la grasa que se encuentra debajo de la piel. Estos pigmentos naturales, responsables también del color de alimentos como la zanahoria o el mango, se almacenan en los tejidos grasos y terminan dándole ese aspecto característico.

En cambio, cuando la alimentación está basada principalmente en granos como trigo o sorgo, que contienen menos carotenoides, la piel conserva un tono mucho más claro o prácticamente blanco. Es decir, el color responde únicamente a la alimentación y no representa una diferencia en la calidad del producto.

¿Pollo con piel amarilla o blanca? La ciencia revela cuál es más saludable
¿Pollo con piel amarilla o blanca? La ciencia revela cuál es más saludable

¿Cuál es más saludable?

Desde el punto de vista nutricional, la respuesta es que ninguno es mejor que el otro. La Fundación Española de la Nutrición señala que tanto el pollo amarillo como el blanco ofrecen prácticamente el mismo aporte de proteínas de alto valor biológico, vitaminas del complejo B, como la niacina y la vitamina B6, y minerales esenciales como fósforo y zinc.

Los datos nutricionales también son prácticamente idénticos. De acuerdo con el Ministerio de Salud de Argentina, una porción de 100 gramos de pollo cocido y sin piel aporta alrededor de 22 gramos de proteína y menos de tres gramos de grasa, cifras que no cambian por el color de la piel.

Por ello, los especialistas recomiendan dejar de lado este criterio al momento de comprar y fijarse en aspectos que realmente indican la calidad del alimento.

Lo que sí debes revisar antes de comprar pollo

Más que observar si la piel es amarilla o blanca, los expertos aconsejan prestar atención a la frescura del producto. El Hospital Clínic de Barcelona explica que un pollo en buen estado debe presentar una carne firme, una textura uniforme y un olor neutro. La piel también debe lucir limpia, sin manchas verdosas, tonos grises o signos de descomposición.

Estas características ofrecen mucha más información sobre la calidad del producto que el color de la piel, el cual únicamente refleja la alimentación que recibió el ave durante su crecimiento.

¿Conviene comer la piel del pollo?

Aunque la piel aporta sabor y ayuda a conservar la jugosidad durante la cocción, también concentra gran parte de la grasa del pollo.

La Fundación Española del Corazón recomiendan retirarla antes de cocinar o consumir la carne, especialmente en personas con colesterol elevado, enfermedades cardiovasculares o sobrepeso, ya que hacerlo permite disminuir considerablemente la ingesta de grasas saturadas y calorías.

Como ejemplo, un muslo de pollo asado con piel aporta cerca de 200 kilocalorías y alrededor de ocho gramos de grasa. Al retirar la piel, tanto las calorías como el contenido de grasa disminuyen de forma importante, convirtiéndose en una opción más ligera sin sacrificar el aporte de proteínas.

Esto no significa que la piel deba eliminarse por completo de la alimentación. La Academia Española de Nutrición y Dietética señala que puede consumirse de manera ocasional dentro de una dieta equilibrada, siempre que no se convierta en un hábito cotidiano y que el pollo sea preparado mediante métodos de cocción saludables como el horno, la plancha, el vapor o el hervido.

Si la duda es entre comprar pollo amarillo o blanco, la evidencia científica indica que cualquiera de las dos opciones ofrece prácticamente los mismos beneficios para la salud.

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