Tras años de temor por sus riesgos, la terapia de estrógeno está siendo reevaluada por la ciencia. Nuevos estudios y métodos de administración la posicionan como una solución clave para síntomas de la menopausia como la niebla mental y el insomnio.
Durante casi dos décadas, la terapia de reemplazo hormonal (TRH), y en particular la terapia con estrógeno, fue vista con miedo y escepticismo tanto por médicos como por pacientes.
Un influyente estudio de principios de los 2000 la vinculó con un aumento en los riesgos para la salud, lo que provocó una caída drástica en su uso y dejó a una generación de mujeres enfrentando los síntomas de la menopausia con opciones limitadas.
Sin embargo, el péndulo científico está oscilando de nuevo. Un «regreso silencioso» de la terapia de estrógeno está en marcha, impulsado por una reevaluación de la investigación, una mejor comprensión de sus beneficios y el desarrollo de métodos de administración más seguros.
Hoy, para muchas mujeres, especialmente aquellas menores de 60 años o dentro de los primeros 10 años del inicio de la menopausia, la terapia de estrógeno ya no es vista como un último recurso, sino como una herramienta de primera línea para mejorar drásticamente la calidad de vida durante esta transición natural.
¿Por qué el miedo inicial y qué ha cambiado?
El principal catalizador del temor fue el estudio de la Women’s Health Initiative (WHI) a principios de la década de 2000, que sugirió un mayor riesgo de enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y cáncer de mama. Sin embargo, análisis posteriores han matizado enormemente estos hallazgos:
- Población del estudio: El estudio original incluyó a mujeres de mayor edad, muchas de las cuales comenzaron la terapia años después de la menopausia. Ahora se sabe que el momento de inicio es crucial.
- Tipo de hormonas: El estudio utilizó una combinación específica de estrógeno y progestina que no es representativa de todas las formulaciones disponibles hoy en día.
- Nuevos datos: Investigaciones más recientes han demostrado que, para las mujeres más jóvenes y sanas que inician la terapia cerca de la menopausia, los beneficios a menudo superan los riesgos.
Los beneficios re-descubiertos: Más allá de los sofocos
Si bien la terapia de estrógeno es muy eficaz para aliviar los síntomas vasomotores como los sofocos y los sudores nocturnos, el renovado interés se centra en sus efectos sobre la cognición y el bienestar general.
- Combate la «niebla mental»: La niebla mental, la dificultad para concentrarse y los lapsos de memoria son ahora reconocidos como síntomas centrales de la perimenopausia y la menopausia. Estudios emergentes están vinculando directamente el estrógeno con el mantenimiento de la función cognitiva, haciendo de la terapia una parte clave de la conversación sobre la salud cerebral a largo plazo.
- Mejora del sueño y el estado de ánimo: Al aliviar los sudores nocturnos, el estrógeno puede restaurar la calidad del sueño. Esto, a su vez, tiene un efecto dominó positivo en el estado de ánimo, la energía y la claridad mental durante el día.
- Salud vaginal y ósea: La terapia alivia la sequedad vaginal y protege contra la pérdida de densidad ósea, reduciendo el riesgo de osteoporosis.
«La menopausia ya no se ve como un declive que debe soportarse, sino como una fase de la vida que puede gestionarse con precisión.» – Glimpse Report.
Innovación en la administración: Más segura y personalizada
Uno de los mayores cambios que ha permitido el regreso de la terapia de estrógeno es la innovación en cómo se administra el medicamento. Las antiguas píldoras orales han dado paso a métodos que ofrecen un perfil de riesgo potencialmente más bajo:
- Parches transdérmicos: Se pegan a la piel y liberan estrógeno directamente en el torrente sanguíneo, evitando el primer paso por el hígado, lo que se cree que reduce el riesgo de coágulos sanguíneos.
- Geles y cremas: Se aplican sobre la piel diariamente, ofreciendo una dosis constante y controlada.
- Formulaciones de baja dosis: Permiten a los médicos personalizar el tratamiento, utilizando la dosis efectiva más baja para minimizar los efectos secundarios.
Estas nuevas opciones permiten un enfoque mucho más individualizado, adaptando el tipo y la dosis de estrógeno a las necesidades y al perfil de salud de cada mujer.
¿Quién es una buena candidata?
La terapia de estrógeno no es para todas. Generalmente no se recomienda para mujeres con antecedentes de cáncer de mama, enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular o coágulos sanguíneos. La decisión debe ser siempre individualizada y tomada en consulta con un médico que esté actualizado sobre las últimas investigaciones.
Sin embargo, para un gran número de mujeres sanas que entran en la menopausia, este «regreso» de la terapia de estrógeno representa una oportunidad para navegar esta etapa de la vida no con resignación, sino con vitalidad y control. El diálogo ha cambiado: de un enfoque en los riesgos a una conversación equilibrada sobre los beneficios para la calidad de vida.


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