En los últimos años, el kéfir ha ganado protagonismo en supermercados y tiendas naturistas. Este alimento fermentado, originario de Europa, se ha convertido en una alternativa popular al yogur gracias a su perfil nutricional y a los posibles beneficios que aporta a la salud intestinal. Pero más allá de la tendencia, la ciencia se ha preguntado qué ocurre realmente en el cuerpo cuando se consume kéfir todos los días.
Beber kéfir de forma habitual puede ser una estrategia interesante para cuidar la microbiota, apoyar al sistema inmunitario y diversificar la alimentación. Así lo explica la tecnóloga de alimentos Beatriz Robles, quien señala que se trata de una leche fermentada similar al yogur, pero con características únicas derivadas de su proceso de elaboración y su composición microbiana.
¿Qué es el kéfir y en qué se diferencia del yogur?
El kéfir se obtiene a partir de unos gránulos formados por una combinación simbiótica de bacterias ácido-lácticas, levaduras y polisacáridos. Al fermentar la leche, estos microorganismos transforman la lactosa en ácido láctico, dando lugar a una bebida ligeramente ácida, refrescante y más líquida que el yogur tradicional.
La principal diferencia con el yogur, según Robles, es la diversidad de microorganismos vivos. Mientras el yogur contiene cepas concretas, el kéfir alberga una comunidad microbiana más amplia, lo que puede traducirse en efectos distintos sobre la salud digestiva. Además, su textura lo hace fácil de incorporar en batidos, desayunos o recetas saladas.
Beneficios para la digestión y la microbiota intestinal
Uno de los efectos más estudiados del consumo de kéfir es su impacto positivo en la digestión. Al aportar probióticos, puede ayudar a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal y a reducir molestias como el estreñimiento o la sensación de pesadez.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) reconoce que los probióticos contribuyen al mantenimiento de una microbiota equilibrada, aunque aclara que sus efectos dependen de las cepas específicas y del contexto general de la dieta. Por ello, el kéfir no debe verse como una solución aislada, sino como un complemento dentro de una alimentación variada y equilibrada.
Efectos en el sistema inmunitario
La ciencia ha demostrado que la salud intestinal está estrechamente relacionada con el sistema inmunitario. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), una microbiota diversa y equilibrada favorece una mejor respuesta defensiva del organismo.
En este sentido, el consumo diario de kéfir podría estimular ciertas células del sistema inmune gracias a sus microorganismos vivos, ayudando al cuerpo a responder mejor frente a infecciones comunes. Aunque no sustituye tratamientos médicos, sí puede aportar beneficios preventivos a largo plazo.
Pese a su popularidad, los especialistas advierten que el kéfir no debe considerarse un “superalimento milagroso”. Si bien aporta probióticos, proteínas de calidad, calcio y vitaminas del grupo B, no es capaz por sí solo de resolver problemas de salud ni de compensar una dieta desequilibrada.
Beatriz Robles subraya que el mayor error es atribuirle propiedades exageradas. Lo recomendable es integrarlo como un aliado más dentro de un patrón alimentario rico en frutas, verduras, cereales integrales y grasas saludables.

Posibles efectos secundarios y contraindicaciones
Aunque el kéfir es seguro para la mayoría de las personas, su consumo diario puede provocar molestias digestivas en algunos casos, especialmente al inicio. Entre los efectos más comunes se encuentran la hinchazón, las flatulencias, las náuseas o el estreñimiento, síntomas que suelen desaparecer al introducirlo de forma gradual.
También existen contraindicaciones. Personas con inmunodeficiencia, enfermedades autoinmunes, infecciones recurrentes por hongos o alergia a las proteínas de la leche deben consultar con un profesional de la salud antes de consumirlo. En el caso de intolerancia a la lactosa, el kéfir suele ser mejor tolerado que la leche, ya que la fermentación reduce su contenido, aunque no siempre es adecuado para todos.
¿Cómo incorporar el kéfir en el día a día?
El kéfir puede consumirse solo o integrarse fácilmente en la dieta diaria. Es una buena base para batidos con fruta, puede usarse como aderezo para ensaladas en lugar de mayonesa o nata, o incluso emplearse en repostería para aportar una textura más esponjosa a panes y bizcochos.
También existe el kéfir de agua, una alternativa sin lácteos que se puede preparar en casa mediante un proceso de fermentación sencillo y económico, ideal para personas que evitan los productos de origen animal.


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