Un nuevo estudio internacional encontró que las personas que consumen con mayor frecuencia refrescos y otras bebidas azucaradas presentan un riesgo más alto de desarrollar cáncer de hígado, uno de los tumores más agresivos y difíciles de detectar en etapas tempranas.
La investigación analizó información de más de 1.5 millones de adultos durante casi dos décadas y concluyó que existe una asociación entre el consumo elevado de bebidas azucaradas y dos de los principales tipos de cáncer hepático. Aunque los investigadores aclaran que los resultados no prueban una relación directa de causa y efecto, consideran que la evidencia se suma a otros trabajos que han advertido sobre los efectos negativos del exceso de azúcar en la salud.
El estudio siguió a más de 1.5 millones de personas
La investigación fue encabezada por Cody Watling, del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, y publicada el 10 de junio en la revista científica JAMA Network Open. Para obtener los resultados, los científicos reunieron información dietética de más de 1.5 millones de adultos provenientes de 11 estudios de seguimiento realizados durante varios años.
Los participantes respondieron cuestionarios sobre sus hábitos alimenticios y la frecuencia con la que consumían bebidas azucaradas o bebidas endulzadas artificialmente. Posteriormente, fueron monitoreados mediante registros estatales de cáncer y encuestas de salud durante un promedio cercano a los 18 años.
El objetivo era determinar si existía alguna relación entre el tipo de bebidas consumidas y la aparición de cáncer de hígado.

Bebidas azucaradas y su relación con el cáncer de hígado
Tras analizar toda la información recopilada, los investigadores observaron que quienes consumían mayores cantidades de bebidas con azúcar añadida tenían un mayor riesgo de desarrollar dos de los principales subtipos de cáncer hepático:
- Carcinoma hepatocelular (HCC), el tipo más frecuente de cáncer de hígado.
- Colangiocarcinoma intrahepático (ICC), un tumor que afecta los conductos biliares dentro del hígado.
Los científicos señalan que esta asociación permaneció incluso después de considerar otros factores que también pueden influir en la aparición de la enfermedad.
¿Qué pasó con las bebidas sin azúcar?
Uno de los hallazgos más llamativos fue que las bebidas endulzadas artificialmente no mostraron la misma asociación.
Según el análisis, consumir refrescos o bebidas con edulcorantes artificiales no estuvo relacionado con un mayor riesgo de cáncer de hígado ni de los subtipos evaluados.
Sin embargo, los investigadores señalaron que esto no significa que estas bebidas sean completamente inocuas, ya que el estudio únicamente analizó su posible relación con este tipo específico de cáncer
¿Por qué podrían influir las bebidas azucaradas?
Aunque el estudio no investigó directamente los mecanismos biológicos, investigaciones previas han señalado que el consumo frecuente de bebidas azucaradas puede favorecer condiciones que aumentan el riesgo de enfermedades hepáticas.
Entre ellas destacan:
- Sobrepeso y obesidad.
- Resistencia a la insulina.
- Diabetes tipo 2.
- Acumulación de grasa en el hígado.
- Inflamación crónica.
Todas estas alteraciones pueden contribuir al deterioro progresivo del hígado y, con el paso del tiempo, favorecer el desarrollo de algunos tipos de cáncer.
Los investigadores piden seguir estudiando el tema
Los autores enfatizan que sus resultados muestran una asociación estadística, pero no permiten afirmar que las bebidas azucaradas sean la causa directa del cáncer de hígado.
Aun así, consideran que la investigación fortalece la evidencia científica que durante los últimos años ha relacionado el consumo frecuente de refrescos y otras bebidas con azúcar añadida con diversos problemas de salud a largo plazo. Por ello, recomiendan continuar realizando investigaciones para comprender mejor cómo influyen estos productos en el desarrollo de enfermedades hepáticas y otros tipos de cáncer.
Mientras tanto, especialistas en salud coinciden en que reducir el consumo de bebidas azucaradas sigue siendo una de las medidas más recomendables para disminuir riesgos asociados con obesidad, diabetes y enfermedades metabólicas que también afectan al hígado.