Correr es una de las actividades físicas más populares del mundo, pero también una de las que más mitos arrastra, especialmente cuando se habla de edad. Correr después de los 40, 50 o incluso 60 años suele verse como un riesgo innecesario, aunque la ciencia ofrece una perspectiva muy distinta y mucho más alentadora para quienes desean mantenerse activos a lo largo de la vida.
La pregunta no es si existe una edad “demasiado vieja” para correr, sino en qué condiciones físicas y de salud se hace, y cómo se adapta el cuerpo al paso del tiempo.

Lo que la ciencia dice sobre correr y el envejecimiento
Diversos estudios coinciden en que no existe una edad límite universal para correr. Investigaciones publicadas en revistas como Journal of Aging and Physical Activity y British Journal of Sports Medicine señalan que personas mayores que corren de forma regular presentan mejor salud cardiovascular, mayor densidad ósea y menor riesgo de mortalidad que quienes llevan una vida sedentaria.
El envejecimiento provoca cambios naturales como pérdida de masa muscular, menor elasticidad de tendones y disminución de la capacidad pulmonar. Sin embargo, la actividad física constante ralentiza significativamente estos procesos, y correr, cuando se practica de forma adecuada, puede ser una herramienta poderosa para conservar la funcionalidad del cuerpo.
Beneficios de correr a partir de los 40, 50 y 60 años
Lejos de ser perjudicial, correr en edades maduras puede aportar beneficios clave:
- Mejora la salud del corazón, reduciendo el riesgo de infartos y enfermedades cardiovasculares.
- Ayuda a controlar el peso corporal, algo especialmente importante con los cambios metabólicos de la edad.
- Fortalece huesos y articulaciones, reduciendo el riesgo de osteoporosis cuando se combina con buena técnica.
- Protege la salud mental, disminuyendo síntomas de ansiedad, estrés y depresión.
Estudios recientes incluso muestran que personas mayores que corren de manera regular mantienen una “edad biológica” menor en comparación con su edad cronológica.

Riesgos reales de correr en edades avanzadas
Aunque correr no tiene un límite de edad fijo, sí existen riesgos cuando se ignoran las señales del cuerpo. Lesiones como tendinitis, fascitis plantar o desgaste articular suelen estar relacionadas más con excesos, mala técnica o falta de descanso, que con la edad en sí.
La ciencia enfatiza que el mayor error es intentar correr igual que a los 20 años. El cuerpo cambia y necesita adaptación, lo que implica ajustar intensidad, volumen y recuperación.
Factores como sobrepeso, enfermedades crónicas no controladas o antecedentes de lesiones deben ser evaluados antes de iniciar o retomar la actividad.

Qué recomiendan los expertos para correr con seguridad
Especialistas en medicina deportiva coinciden en que la clave para correr a cualquier edad está en la progresión y la personalización. Algunas recomendaciones avaladas por la ciencia incluyen:
- Realizar una valoración médica previa, especialmente después de los 40 años.
- Empezar de forma gradual, combinando caminata y trote si es necesario.
- Invertir en calzado adecuado, que reduzca el impacto en rodillas y tobillos.
- Incluir ejercicios de fuerza, fundamentales para proteger músculos y articulaciones.
- Respetar los días de descanso, ya que la recuperación es más lenta con la edad.
Correr no tiene que ser sinónimo de alta velocidad o largas distancias; incluso sesiones cortas aportan beneficios significativos.
Casos que desafían el mito de la edad
La ciencia también observa ejemplos que rompen prejuicios. Existen corredores mayores de 70 y 80 años que participan en carreras de fondo con supervisión médica, demostrando que el cuerpo humano conserva una sorprendente capacidad de adaptación.
Estos casos no implican que todos deban correr maratones, pero sí confirman que la edad por sí sola no es un impedimento, siempre que se respeten los límites individuales.

Correr no tiene una fecha de caducidad marcada por el calendario. La evidencia científica es clara: no eres demasiado viejo para correr, siempre que lo hagas de forma consciente, progresiva y adaptada a tu condición física. Más que la edad, lo determinante es el estilo de vida, la constancia y la atención a la salud integral.
Lejos de ser una actividad peligrosa, correr puede convertirse en un aliado para envejecer con mayor calidad de vida, autonomía y bienestar físico y mental.


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