Cultivar ajo en maceta es más sencillo de lo que parece y no necesitas un huerto para intentarlo. Con un recipiente suficientemente profundo, un sustrato que drene bien y varias horas de sol directo puedes tener tu propio cultivo en casa. Eso sí, hay tres errores que pueden echar a perder la planta: regarla demasiado, utilizar un recipiente inadecuado y sembrar dientes de ajo que no son aptos para cultivo.
De acuerdo con la Real Sociedad de Horticultura de Reino Unido (RHS), el ajo puede tardar entre seis y ocho meses en completar su ciclo y, en condiciones adecuadas, cada diente plantado puede producir una cabeza de ajo.
¿Qué necesitas para cultivar ajo en una maceta?
El primer paso es elegir un recipiente que permita que el bulbo se desarrolle correctamente. La maceta debe tener al menos 25 centímetros de profundidad y contar con orificios en la parte inferior para evitar que el agua quede acumulada.
Las macetas de terracota son una buena alternativa porque permiten una mayor evaporación de la humedad; sin embargo, también puedes utilizar una de plástico siempre que tenga un buen sistema de drenaje.
El sustrato es igual de importante. La Universidad de Maryland recomienda una mezcla que permita conservar cierta humedad sin convertirse en un terreno encharcado; una opción consiste en combinar sustrato universal, composta madura y arena gruesa en partes iguales.
El ajo necesita un suelo suelto y con buen drenaje, ya que un sustrato compacto puede dificultar el crecimiento del bulbo y favorecer la aparición de enfermedades.

¿Qué diente de ajo debes sembrar?
No todos los ajos sirven para iniciar un cultivo. Aunque puedes sentir la tentación de tomar un diente de la cabeza que tienes en la cocina, la RHS recomienda utilizar ajo certificado para siembra, adquirido en viveros o establecimientos especializados.
Los ajos destinados al consumo pueden haber recibido tratamientos para retrasar la germinación y, además, existe el riesgo de introducir enfermedades al cultivo.
Cuando tengas una cabeza apta para siembra, separa los dientes justo antes de plantarlos. Elige los más grandes y firmes, especialmente los que se encuentran en la parte exterior de la cabeza. Coloca cada diente con la punta hacia arriba y la parte plana hacia abajo, aproximadamente a 5 o 7 centímetros de profundidad. Si tienes varios, deja alrededor de 15 centímetros entre ellos para que los bulbos tengan espacio suficiente.
Estas son las tres cosas que pueden acabar con tu planta
El primer error es regar demasiado. El ajo necesita humedad, pero no soporta permanecer encharcado. El exceso de agua puede provocar la pudrición del bulbo y favorecer enfermedades.
Durante su crecimiento puedes regar aproximadamente cada dos a cuatro días, aunque lo mejor es revisar el sustrato; si los primeros dos centímetros están secos al tacto, es momento de aportar agua. También procura no mojar constantemente las hojas.
El segundo problema es usar una maceta demasiado pequeña o poco profunda. Las raíces necesitan espacio para crecer y el bulbo requiere suficiente profundidad para desarrollarse. Un recipiente de menos de 25 centímetros puede limitar el tamaño de la cosecha.
El tercer error es no darle suficiente luz. El ajo necesita al menos seis horas de sol directo al día para desarrollarse adecuadamente. Una maceta colocada en un sitio demasiado sombreado puede producir muchas hojas, pero un bulbo pequeño.
¿Cuándo es mejor sembrar ajo?
El otoño suele ser la mejor época para iniciar el cultivo. El ajo necesita pasar por un periodo de bajas temperaturas para favorecer la formación de los dientes dentro del bulbo; por ello, la siembra entre octubre y noviembre puede ser adecuada en regiones donde las temperaturas comienzan a descender.
La fecha exacta dependerá del clima de cada zona. Algunas variedades también pueden sembrarse a finales del invierno o durante la primavera, aunque la cosecha puede ser menor.
¿Cómo saber cuándo cosechar el ajo?
El riego debe disminuir conforme el bulbo se acerca a la madurez. Una señal importante aparece cuando las hojas inferiores comienzan a ponerse amarillas; en ese momento conviene reducir considerablemente el agua.
Si la planta desarrolla un tallo floral enrollado, conocido como escapo, puedes cortarlo cuando complete una vuelta, ya que dejarlo crecer puede desviar parte de la energía hacia la floración y reducir el tamaño del bulbo.
Después de cosechar, no guardes inmediatamente los ajos. Déjalos secar en un lugar seco, sombreado y ventilado durante dos a cuatro semanas, manteniendo inicialmente las raíces y el tallo. Cuando el cuello esté seco y la piel exterior tenga una textura crujiente, podrás retirar el exceso de raíces y tallo.
Así, con una maceta adecuada, suficiente luz y un riego controlado, puedes tener una cosecha de ajo en casa sin necesidad de contar con un jardín; la clave está en evitar precisamente los excesos que más dañan a esta planta, especialmente el agua acumulada.


TE PODRÍA INTERESAR