Todavía dura la resaca del Mundial 2026, pero en México no hay tiempo para sentir nostalgia. Emilio Azcárraga Jean, dueño del América y pieza clave en la candidatura que trajo el torneo a Norteamérica, soltó una frase que habría sonado una locura hace algunos meses: «No veo descabellado el Mundial del 38».
Doce años. Eso es lo que separaría a México de su cuarta Copa del Mundo como anfitrión. La declaración, hecha en entrevista para Línea de 4 de Televisa, llegó con datos y un calendario.
¿Tiene México argumentos reales para levantar la mano otra vez? Mientras se prepara la propuesta, los aficionados mexicanos miden el impacto de la última Copa del Mundo en la Liga MX. Algunos incluso aprovechan para hacer predicciones. Con un código promocional 1xBet pueden revisar las cuotas y darse cuenta de una idea de lo que se espera en los mercados.
A continuación, las claves de la propuesta que ilusiona a clubes, jugadores, aficionados y apostantes en los mercados de predicción.
Tres estadios y un problema de infraestructura
Ir solos no es opción, y Azcárraga lo sabe . México cuenta hoy con apenas tres recintos que cumplen los requisitos de la FIFA para albergar partidos mundialistas: el Estadio Azteca, el Akron de Chivas y el Gigante de Acero en Monterrey.
El Territorio Santos Modelo podría sumarse eventualmente, pero el resto del parque de estadios del país se queda corto en capacidad de tribunas, accesos, vestidores, zona mixta para medios y protocolos de seguridad.
La FIFA no negocia esos estándares. Cancha, gradas, arcos de seguridad, salas de conferencias de prensa: cada ítem se revisa con lupa. Construir o remodelar estadios para cumplir la lista llevaría años de inversión que nadie ha puesto sobre la mesa.
La fórmula que sí funciona: volver a aliarse con Estados Unidos
Si la candidatura en solitario está descartada, la vía queda clara. Repetir la alianza con Estados Unidos, que ya probó su eficacia en 2026, y pelear por una tajada más grande del pastel.
La lógica de la candidatura apunta a negociar más partidos para suelo mexicano, aprovechando un argumento que la propia FIFA validó tras el último torneo: la afición mexicana fue la más cálida de las tres sedes.
Fuentes cercanas al organismo internacional aseguran que la FIFA terminó lamentando no haber otorgado más encuentros a México, sobre todo al compararla con Canadá, donde la atmósfera resultó notablemente más fría.
La hospitalidad, el color en las gradas y la derrama turística dejaron un expediente difícil de ignorar cuando llegue el momento de repartir votos.
El gigante del norte ya propuso una candidatura en soledad y tiene la infraestructura para montar un mundial en semanas. Sin embargo, el fútbol necesita más que aforo y plataformas de venta de entradas. México tiene la pasión que lo convierte en un espectáculo rentable.
¿Por qué 2038 no es tan descabellado como suena?
El calendario de rotación de sedes juega a favor de Concacaf. En 2030, el torneo se repartirá entre Sudamérica (partidos conmemorativos en Argentina, Paraguay y Uruguay), Europa (España y Portugal) y África (Marruecos).
En 2034, la sede es Arabia Saudita, en Asia. Para 2038, el mapa ya habrá pasado por cuatro continentes en apenas ocho años, y las opciones lógicas se reducen a dos regiones: Oceanía (con Australia y Nueva Zelanda, cuya viabilidad genera dudas) o de vuelta a Norteamérica.
Brasil, que en otro contexto sería rival natural, arrastra la factura de haber organizado el Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Estadios convertidos en elefantes blancos y deudas que todavía pesan hacen muy improbable que levante la mano. El camino, sin ser un pasillo libre, está más despejado de lo que parece.
Doce años y un reloj que ya corre
«La Copa del Mundo pasada llevó diez años de trabajo. A la del 38 le quedan doce. No es mucho más», advirtió Azcárraga. El mensaje es claro: si la intención existe, el momento de moverse es ahora, no cuando falten cinco años y la ventana se haya cerrado.
Lo que hace semanas parecía un sueño guajiro ha ganado peso con cada declaración de los altos mandos del fútbol mexicano. El ecosistema que rodea al deporte (federación, televisores, sector turístico) percibió en 2026 un negocio demasiado bueno como para esperar una generación entera antes de repetirlo. La derrama económica, el impulso al turismo y la experiencia de una afición que llenó cada sede hasta el último asiento componen un expediente que pocos países pueden igualar.
¿Será suficiente? Dependerá de la diplomacia deportiva, de cuántos estadios podrán ponerse a tiro en una década y, sobre todo, de si Estados Unidos acepta compartir protagonismo otra vez.
La idea de una cuarta Copa en México ya es una jugada posible y tiene los números de su lado. La suma ya funcionó una vez y podría hacerlo una vez más.


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