Los duraznos son una fruta refrescante con cerca del 90% de agua, lo que los convierte en una excelente fuente de hidratación natural. Diane Stadler, experta en nutrición humana, explica que consumir duraznos aporta líquidos de manera tan efectiva como beber agua directamente.
Además, contienen potasio, un mineral clave para la función muscular y la transmisión nerviosa. Un durazno pequeño aporta aproximadamente 180 mg de potasio, casi el 5% de la ingesta diaria recomendada, destacando como un alimento funcional para el bienestar físico.
Flavonoides y carotenoides: defensa antioxidante
La piel del durazno concentra flavonoides, pigmentos que ayudan a reducir el daño celular causado por radicales libres, y carotenoides, precursores de vitamina A con propiedades antioxidantes.
Mary Ann Lila, especialista en salud vegetal, indica que estos compuestos no solo protegen al organismo frente a enfermedades cardiovasculares, sino que también favorecen la memoria y la función cognitiva, tras metabolizarse por la microbiota intestinal y liberar sustancias activas en el cerebro.
Beth Olson, profesora de nutrición, resalta que los carotenoides neutralizan radicales libres, protegiendo tejidos frente a inflamación y estrés oxidativo.
Vitamina A: visión, inmunidad y piel saludable
El cuerpo convierte los carotenoides de los duraznos en vitamina A, esencial para la salud ocular, la función inmunitaria y la renovación celular de la piel. Un durazno pequeño aporta alrededor del 4% del valor diario recomendado, contribuyendo a la protección de la retina, fortalecimiento del sistema inmune y mantenimiento de tejidos cutáneos.
Comer duraznos con piel: la clave de sus beneficios
Según expertos, la mayor parte de los antioxidantes y fibra se concentra en la piel del durazno. Lavar bien la fruta bajo agua fría y secarla con toalla de papel elimina residuos y bacterias, garantizando un consumo seguro.
Si bien las versiones congeladas o enlatadas conservan ciertos nutrientes, carecen de piel, lo que reduce su contenido de fibra y flavonoides, haciendo que los duraznos frescos enteros sean la mejor opción.
Un hábito saludable
Ana, una profesora de nutrición en Ciudad de México, comparte que incluir duraznos con piel en su dieta diaria la ha ayudado a mejorar la digestión y aumentar su energía durante el día. “Es un cambio sencillo que impacta mi bienestar general y fortalece mi corazón y mi memoria”, comenta.


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