Una mujer mayor en Ciudad de México se desploma bajo el sol inclemente. No es un hecho aislado: cada verano, miles sufren golpes de calor. Este escenario refleja cómo el cambio climático impacta en la salud de manera directa e indirecta, creando un panorama global cada vez más complejo.
El diagnóstico de la OMS: una amenaza a gran escala
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que entre 2030 y 2050 el cambio climático provocará 250.000 muertes adicionales por año por desnutrición, malaria, diarrea y estrés térmico.
Los niños, adultos mayores y personas en pobreza están entre los más vulnerables, pues carecen de acceso adecuado a servicios médicos y viven en áreas más expuestas a fenómenos climáticos extremos.
Efectos directos: calor extremo y mortalidad
Los expertos señalan que las olas de calor aumentan hospitalizaciones por problemas cardiovasculares y respiratorios. El epidemiólogo Pablo Orellano destaca que los picos de temperatura incrementan las muertes por infartos y enfermedades pulmonares, mientras la contaminación potencia esos riesgos.
El neurólogo Santiago Tizio añade que la hipertermia puede desencadenar daños cerebrales graves: desde confusión y convulsiones hasta coma.
Enfermedades que se expanden con el clima
El aumento de la temperatura y las lluvias favorece la expansión de mosquitos transmisores de dengue, chikungunya y zika. Estas infecciones, antes limitadas a regiones tropicales, avanzan hacia zonas templadas, alcanzando incluso a países europeos.
Además, el cólera y otras infecciones transmitidas por agua y alimentos encuentran condiciones más propicias en un ambiente alterado por el clima.
Contaminación ambiental y enfermedades crónicas
La contaminación del aire constituye otro enemigo silencioso. Según el investigador Timoteo Marchini, las partículas finas PM2.5 y el dióxido de nitrógeno incrementan el riesgo de diabetes, asma, enfermedades cardiovasculares y neurológicas como el Parkinson y la demencia.
Estudios internacionales estiman que uno de cada cuatro infartos está asociado a la exposición crónica a contaminantes atmosféricos.
Salud mental y deterioro ambiental
El estrés por desastres climáticos, pérdida de hogares y crisis económicas agrava los problemas de salud mental. La depresión, la ansiedad y los traumas se intensifican en comunidades afectadas por inundaciones, sequías o incendios forestales.
La United Nations Development Programme (UNDP) advierte que los sistemas de salud también sufren: infraestructuras dañadas, falta de insumos y mayor presión sobre hospitales.
Adaptación: el reto de la salud pública
El cambio climático ya es una crisis sanitaria. Los expertos insisten en la necesidad de políticas públicas integradas que consideren tanto la reducción de emisiones como la adaptación sanitaria.
Se requieren sistemas de alerta temprana, urbanismo resiliente, acceso a agua potable y una transición energética que reduzca la polución.
La salud y el ambiente no pueden pensarse por separado: su conexión es clave para el futuro.


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