En los años noventa, muchos imaginamos que el siglo XXI traería coches voladores, colonias en Marte y un avance imparable hacia la inteligencia colectiva. En lugar de eso, nos encontramos en un mundo dominado por memes, comida chatarra y redes sociales que amplifican la desinformación.
La pregunta no es si somos más inteligentes, sino cómo hemos permitido que la estupidez se multiplique y forme parte integral de nuestra realidad cotidiana.
La paradoja de la estupidez y la inteligencia
Según algunos sabios contemporáneos, el aprendizaje puede venir de la universidad o de la vida, pero pocos se detienen a pensar que la estupidez es una fuente inagotable de lecciones. Para aprender de nuestra propia estupidez, primero debemos reconocerla, lo que en sí mismo ya requiere de cierta inteligencia.
Un ejemplo budista:
Incluso Buda eligió a un discípulo que no le entendía para difundir su palabra, pues comprendió que la estupidez forma parte esencial de la condición humana.
Carlo Cipolla y las leyes fundamentales de la estupidez
El economista italiano Carlo Cipolla, en su libro Allegro ma non troppo, formuló cinco leyes universales sobre la estupidez humana:
- Siempre subestimamos el número de estúpidos:
- La estupidez no respeta género, raza ni clase social.
- La estupidez es impredecible:
- Personas racionales pueden actuar estúpidamente de forma inesperada.
- La estupidez no discrimina:
- Cualquier persona puede ser estúpida, independientemente de sus características.
- El estúpido causa daño sin beneficio:
- A diferencia del malvado, el estúpido perjudica incluso sin obtener ganancia propia.
- La estupidez es más peligrosa que la maldad:
- Mientras el malvado tiene un propósito, el estúpido actúa sin lógica, lo que lo convierte en un factor de riesgo más alto.
Estupidez y progreso: una conexión evolutiva
Un estudio de la Universidad de Turín, citado por Cipolla, plantea que el comportamiento estúpido podría ser evolutivo. Según esta teoría:
- La estupidez ayuda a sincronizar el cerebro humano con su entorno cultural, garantizando su supervivencia.
- Aunque parezca contraproducente, este comportamiento genera adaptaciones que favorecen la supervivencia física y cultural.
La estupidez en tiempos modernos
En el contexto actual, las redes sociales son el escenario perfecto para observar la paradoja de la estupidez. Como decía Balzac, vivimos rodeados de placeres que parecen más codiciados que disfrutados, generando más envidia que satisfacción.
Ejemplos cotidianos:
- Memes virales: Aunque son entretenimiento, a menudo desinforman o trivializan problemas importantes.
- Noticias falsas: Se propagan más rápido que las verdaderas debido a su atractivo sensacionalista.
Reflexión final: la inteligencia de la estupidez
Como dijo Baltasar Gracián:
“Para mentir se necesita inteligencia, entonces ¿por qué las cortes de la historia están pobladas con profusión por estúpidos?”
La respuesta quizá está en que la estupidez, lejos de ser un defecto, es un motor que impulsa tanto el caos como el progreso. Reconocerla y aprender a navegar en un mundo saturado de ella podría ser una habilidad clave para sobrevivir y prosperar en el siglo XXI.
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